29 de abril 2019 - 00:01

Bolsa en récords, pero sin una gota de euforia

Sólo 13 de las 500 acciones consiguieron lo que el índice. Los futuros de fed funds descreen de que Powell se tome un año sabático.

Jay Powell
Jay Powell

Dicho y hecho. Wall Street cumplió sus objetivos. El S&P500 y el Nasdaq estrenaron récords dejando atrás los máximos de cierre de septiembre último. El mercado bull confirma su décimo aniversario con el mejor regalo de cumpleaños. ¿Y los festejos? Ninguno, salvo los consabidos tuits del presidente Trump, autoproclamado padre de una proeza que arrancó y se cimentó en los tiempos de su antecesor, Barack Obama, y que redobló su empeño tras la mudanza en la Casa Blanca. ¿Burbuja? En todo caso es apenas una efervescencia de agua mineral. Se puede desconfiar de la complacencia. La volatilidad implícita en las acciones cayó en un pozo de calma inaudito pese a las alturas de vértigo. Debería rebotar (los hedge funds están vendiendo volatilidad VIX a cuatro manos apostando a que eso no va a durar). A la par, nadie descorcha champaña. Por buenas razones. Sólo 13 de las 500 acciones del S&P consiguieron lo que el índice. El resto no logró todavía replicar los máximos. Más sugerente aún: el Russell 2000 -la canasta representativa de las pequeñas compañías– yace en un sótano -a los precios de fin de febrero- 9% por debajo de los récords. Y téngase en cuenta que el volumen transado es exiguo desde marzo, y tampoco leva. Como se comprende, Wall Street tiene todavía una gran tarea de consolidación por delante para, después de poner una pica en Flandes, afincarse y echar raíces allí.

Confirmado: la recesión que prometió la curva de bonos no compró aún boleto de ida. La economía de los EE.UU. creció 3,2% en el primer trimestre pulverizando los pronósticos. Son dos noticias en una. Primero, la buena. La economía no desfallece como se llegó a temer. Chocolate por esa noticia: sabemos que la Bolsa anticipa, y el rally que arrancó a mediados de marzo, adelantó lo que ahora las cuentas nacionales ratifican. Se diría que no se vio algarabía porque ya estaba en los precios. Segundo, la noticia ambigua (el tiempo dirá si mala). Dos factores no recurrentes -una gran acumulación de inventarios (0,65% del PBI) y una imprevista caída de las importaciones (0,6%)- explican buena parte de la bonanza de la producción. Las ventas finales a los compradores internos aumentaron “sólo” 1,3%. ¿Qué tan sólida será la marcha de la actividad en los meses venideros si se debe digerir stocks de producción local muy por encima de lo normal? ¿No será que la pereza simplemente se corrió al próximo trimestre? Otro renglón que llamó la atención: se deprimió la inflación. El PBI nominal aumentó 3,8%, la mitad que un trimestre atrás. El deflactor del gasto personal de consumo -la medida favorita de inflación de la Fed- se deslizó 0,6% (y 1,3% la versión núcleo). No son señales de una economía arrolladora. Y cayeron las tasas cortas, las largas y la divisa. No se puede hablar de recesión (bueno, se puede y Paul Krugman vaticina una para antes de fin de año) pero tampoco se borra la amenaza de una debilidad al acecho cual espada de Damocles.

Definitivamente, los mercados no compran los planes que vende la Fed. Los futuros de fed funds descreen de que Jay Powell se tome un año sabático, y menos que su próxima incursión sea una suba de la tasa corta en 2020. Vislumbran una expansión moderada, sí, pero que necesitará un aventón. La Fed tendría que involucrarse con una baja de tasas, y las chances asignadas crecen de forma sostenida a partir del segundo semestre. A enero 2020, las probabilidades un recorte de un cuarto de punto se estiman hoy en 70%. No es una mala plataforma para la Bolsa. La cereza del postre debiera ser un acuerdo comercial EE.UU.-China, negociación que se dilata mientras el comercio internacional se resiente, pero que goza de la coartada de declaraciones alentadoras. “Las conversaciones con China avanzan muy bien”, dijo Trump esta semana y debe ser la décima vez. Cuando por fin se coloque la cereza en su sitio quizás haya que descartar la frutilla de la baja de tasas. Y entonces convendrá revaluar toda la ecuación. Mientras tanto, y con el lento goteo hacia las acciones del cash ocioso en las carteras, los inversores no agitan motivos ni siquiera para el “sell in May”. ¿Otro signo de complacencia? Claro. En seis de los últimos siete años, Wall Street se las arregló para ganar dinero en el semestre sombrío que comienza en mayo. No pudo en 2015 pero sólo perdió 0,3%.

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