10 de diciembre 2015 - 00:00

Brasil, entre una guerra abierta...

El vicepresidente Michel Temer ayer, al salir del Palacio del Planalto.
El vicepresidente Michel Temer ayer, al salir del Palacio del Planalto.
 Brasilia - Los adversarios de la presidenta de Brasil, Dilma Rousseff, dieron ayer nuevos pasos para forzar su destitución, al avanzar en un boceto de gabinete que acompañaría a su eventual reemplazante -el vicepresidente Michel Temer- y al debilitar más su posición en el Congreso. En tanto, el Supremo Tribunal Federal (STF, corte suprema) congeló el inicio del proceso de "impeachment", algo que le juega decididamente en contra.

Temer, acusado de deslealtad por el Partido de los Trabajadores, comenzó a delinear lo que podría ser un Gobierno de transición en caso de que la mandataria sea destituida.

El vice, del Partido Movimiento Democrático Brasileño (PMDB), el mayor del país, eligió al senador socialdemócrata José Serra y el exministro de Defensa Nelson Jobim -también del PMDB-, como posibles colaboradores, reveló ayer el diario Folha de San Pablo en su edición electrónica.

Serra fue candidato presidencial por el Partido de la Socialdemocracia Brasileña (PSDB) en 2002 y 2010, y desde hace tiempo se comenta su posible paso al PMDB en busca de la candidatura presidencial para 2018.

En el eventual gabinete de Temer también se destaca Henrique Meirelles, un ex-BankBoston que se desempeñó como presidente del Banco Central con Luiz Inácio Lula da Silva.

En tanto, Rousseff sufrió ayer un nuevo revés a manos del PMDB, que sustituyó al líder del partido en la Cámara de Diputados, que era un aliado del Ejecutivo.

Según informaron medios locales, Leonardo Picciani fue sustituido por Leonardo Quintao, impulsado por legisladores del ala de ese partido que defienden la destitución de la mandataria.

La iniciativa de sustituir a Picciani contó con el aval del jefe de Diputados, Eduardo Cunha, enemigo de Rousseff y responsable por la apertura, hace una semana, del proceso de juicio político contra la presidenta.

La consecuencia directa del cambio es que Rousseff perdió el control sobre el principal sector del mayor partido aliado del Gobierno en la Cámara baja, donde tramita el "impeachment".

También fue una mala noticia para la acorralada mandataria la decisión del STF de dejar en suspenso la creación de una comisión de 65 diputados que debe realizar el informe que, de aprobarse, sería tratado en el pleno, que deberá definir con una mayoría especial de dos tercios la elevación de la acusación al Senado.

El juez del Supremo Luiz Edson Fachin adoptó una decisión preliminar que deja el comienzo del proceso de "impeachment" en el aire hasta el miércoles 16, cuando el STF analizará un recurso presentado por el Partido Comunista do Brasil (PCdoB), aliado del Gobierno, que cuestionó, entre otros aspectos, la forma cómo se postularon y votaron los integrantes de la comisión especial.

La pausa en el proceso es una mala noticia para la mandataria.

El Gobierno cree que sus chances de frenar el juicio político en esa comisión o en el pleno de Diputados son mayores cuanto antes se produzcan las definiciones. El tiempo, el desagaste, eventuales nuevas denuncias contra el oficialismo y el agravamiento de la crisis económica, se estima, sólo le hará perder más apoyos.

Agencias DPA, ANSA, EFE y Brasil247, y Ámbito Financiero

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