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Breve guía para entender a Europa
¿Qué pasó en la cumbre? Se hizo lo que Alemania quiso. O sea, la plancha. La clave se develó aquí hace tiempo: Merkel no quiere hacer olas. Y su voluntad se cumple a rajatabla. Europa barre todos los problemas urticantes bajo la alfombra. Y la tregua de los mercados lo permite a costo nulo. La señora No le dijo no a todo cortocircuito. Para ello debió ceder -de julio a esta parte- en sus negativas más recalcitrantes. Fue Merkel quien forjó la actual pax europea. Téngase presente: acordó con Draghi la intervención del BCE en la compra de deuda soberana, atajó la rebeldía del Bundesbank, les concedió a España e Italia el mecanismo de estabilización financiera que necesitaban y depuso los planes disparatados de arrojar a Grecia por la ventana. Sólo que la faena está a medio realizar. El BCE condicionó su intervención, por caso, a un pedido previo de rescate. Y Merkel no quiere, de momento, que España lo solicite. El tema, pues, ni siquiera figuró en la agenda. Esta cumbre iba a ser -Hollande dixit- la que resolviera el tratamiento de Grecia. Quedó claro que Merkel al visitar Atenas bendijo su continuidad, pero el interrogante era otro: ¿cómo se abonará su estadía? La instrucción es el silencio de radio hasta la cumbre de diciembre. Antes habrá que girarle un estipendio para que no zozobre por falta de fondos. Y así se hará. Por último, para acallar las ínfulas del amigo Hollande, Merkel lanzó de buenas a primeras un proyecto tapón. Su ministro SchTMuble propuso, como si nada, crear la figura de un «supercomisionado» en Bruselas con poder de veto sobre los presupuestos nacionales. ¿Europa no atina a cambiar una maceta de lugar y Berlín promueve un revolucionario «plan maestro» para el euro? La explicación, en boca del presidente francés, François Hollande, suena convincente: «La cuestión institucional es utilizada con frecuencia para que no se tomen decisiones».
¿Alemania frenó todo? Sí. Y ello incluye lo acordado en la cumbre de junio, cuando se amotinaron españoles e italianos, y le arrancaron a Merkel la promesa de la supervisión bancaria unificada. Su entrada en vigencia es esencial para que la recapitalización de los bancos dañados por la crisis pueda cargarse a la cuenta de los fondos europeos de rescate y no abulte la deuda del país. Para España, que acababa de pedir el salvataje bancario, era entonces una válvula de escape crucial (hoy ya no lo es). Merkel la concedió en junio porque Rajoy y Monti le pusieron una pistola en la cabeza (estaban dispuestos, caso contrario, a torpedear la reunión continental). Pero la canciller se cobra esos disgustos. Y, dicho en lenguaje no técnico, lo que quedó pactado para regir el día del arquero ahora se postergará al día del arquero suplente. Tal vez, con mucho viento a favor, esté accesible a fines de 2013. Pero España no podrá cargar allí los quebrantos que arrastre de herencia. Fuera de la cumbre, el domingo a la noche, Merkel rasgó la herida diciendo que Irlanda sí podría hacerlo, en carácter de excepción. ¿Alemania es acaso la dueña de Europa? En los papeles, no. Ya se dijo que, en los hechos, obra como si lo fuera.
¿Qué pretende Alemania? Lo que pretende Merkel es ganar las elecciones dentro de un año. Y, por lo visto, necesita bajarles el perfil a los temas que espantan votos. Si todo fuera una derivación de la «mano invisible» de Obama, el embargo cesará el 6 de noviembre. Pero basta con escuchar a Hollande para entender que la política germana es la principal razón. Y es inquietante pensar que a doce meses vista, lo que Merkel precisa es hibernar la agenda conflictiva. ¿Qué quiere la canciller? La tesis del combo sugiere que la demora proviene del afán de consolidar las cargas; de juntar a España, Grecia y Chipre en un mismo paquete para gestionar la autorización del gasto una sola vez en el Bundestag. Ayudar a los pecadores supone un altísimo desgaste personal y ahora que el SPD definió como candidato a Peer Seinbrueck (quien fue su propio ministro de Finanzas, antes de SchTMuble), ya hay quien lo pueda capitalizar. Si es así, antes de diciembre tendremos novedades. Motu proprio, Rajoy nunca pedirá el rescate de España. Sólo lo hará bajo presión. Y, a decir verdad, ya está todo listo. Ocurrirá, pues, cuando Merkel lo demande. Pero no es impensable que Berlín juguetee con la idea de dar un paso al costado y que sea el BCE el que asuma la defensa de la región. Lo ha señalado SchTMuble mejor que nadie. Cuando indica que España no requiere un rescate, «sino la confianza de los mercados financieros», lo que propone es pasarle el limosnero -de manera directa- a la institución que dirige Mario Draghi.


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