- ámbito
- Edición Impresa
Buen paso de “La tercera orilla” por el festival berlinés
El actor Alian Devetac y la directora Celina Murga, durante la presentación de “La tercera orilla” en el Festival de Berlín.
La clave de la historia está en su título: la tercera orilla es un lugar que no existe, y en esa geografía física y emocionalmente imposible se ve empujado su protagonista adolescente (Alian Devetac, en su debut cinematográfico). A Celina Murga una muchacha menudita, de cálida sonrisa y ojos vivaces le interesa pintar con calma y pincelada fina el impacto del autoritarismo en una ciudad del interior. Hay diferencias de tono y decibeles interesantes con Lucrecia Martel y su crítica a un ambiente provinciano conservador. Lo sorprendente y eficaz- del retrato pacientemente elaborado por Murga y su coguionista Gabriel Medina es que se soslayan coyunturas sociales o politicas; tampoco se proponen metáforas ideológicas ni se psicoanaliza la relación entre un padre (Daniel Veronese, muy bien dirigido) y su hijo mayor Nico.
La película observa meticulosamente una vida familiar escindida por el egoísmo paterno (un médico exitoso que mantiene dos hogares) y una madre desorientada, estancados ambos en roles sociales asfixiantes y contagiosos. Nico se ve obligado, simultáneamente, a cumplir con las expectativas hipermasculinas del padre y a suplir su ausencia. La fiesta de quince provee un clímax emocional contenido pero desgarrador, y lleva, con una vuelta de tuerca, al final abierto. La canción de Charly Garcia "Por un rezo", escuchada en dos momentos claves, brinda una cuota de esperanza: el irse tiene que ver con el vivir.
Los productores argentino y alemán comentaron en rueda de prensa los desafíos de un proyecto de cine de autor como este, cuyo costo fue de 900 mil euros. Resultó decisivo el apoyo de Martin Scorsese, quien funcionó como mentor de la realizadora, al ganar ésta una beca.
Es conocida la generosidad intelectual y financiera del director norteamericano, quien contribuyó según comentó Murga con valiosos aportes a nivel guión (como construir un mundo masculino sin caer en el estereotipo o la condena fácil) y ayudando con la búsqueda de financiación en tanto productor ejecutivo. Peter Rommel, el productor alemán, confesó a los periodistas su fascinación desde chico por el fútbol argentino y su interés por la universalidad de la historia, en ese orden. "La tercera orilla" se estrenará en Buenos Aires en marzo, y en el circuito de cine de arte en Alemania en las próximas semanas.
Aprovechando la presencia de Murga y Benjamín Naishtat en la competencia con su largometraje semi-experimental "Historia del miedo", el World Cinema Fund organizó un panel sobre el financiamiento de cine de autor en la Argentina. Una iniciativa conjunta del festival de Berlin, el Instituto Goethe y otros organismos alemanes, el WCF resulta desde su creación en 2004 un instrumento para el despegue de proyectos como estos dos. (Entre otras películas financiadas, se destacan "La teta asustada", de Claudia Llosa, la palestina "Paradise Now", la uruguaya "Gigante" y la tailandesa "Uncle Boonmee).
Una nota pesimista la dio Rommel, invitado al panel. Hizo notar cómo la distribución digital a través de nuevas plataformas que están tornando obsoleto, por costoso, el estreno en salas de arte no tiene incentivos económicos en hacer circular cine de autor, de pequeño presupuesto. No sin ironía porteña, levantó el ánimo el productor argentino Hernan Musaluppi, miembro este año del jurado internacional: "Nosotros mismos no sabemos cómo logramos hacer las peliculas. Siempre es un milagro". "Estamos entrenados en la inestabilidad, en la impermanencia", acotó Murga. Viene al caso la observacion de André Malraux, el escritor que De Gaulle nombró ministro de cultura: "el cine es una industria que a veces se disfraza de arte". En ese espacio se ubica el espaldarazo de Scorsese a Murga, y la fe de los productores alemanes a la pelicula de Naishtat.


Dejá tu comentario