11 de agosto 2009 - 00:00

Buena carta de presentación de la murga uruguaya La Clave

Aunque aún sin el pulido de otras murgas que pasaron por Buenos Aires, el show de La Clave, «Camino a la fiesta», mostró una búsqueda interesante en lo visual y en los textos de sus canciones.
Aunque aún sin el pulido de otras murgas que pasaron por Buenos Aires, el show de La Clave, «Camino a la fiesta», mostró una búsqueda interesante en lo visual y en los textos de sus canciones.
«Camino a la fiesta». Actuación de La Clave. Dir. gral: Álvaro González. Dir. artística: Martín Sosa y Ana Laura De León. (El galpón de Catalinas; 8 de agosto). 

La Clave de Murga (tal su nombre inicial) nació en San Carlos, cerca de Punta del Este, en 1997. Participó en los carnavales de Maldonado del 98 y el 99, e hizo su posterior gira por la zona de balnearios. En el 2000, pasó a tener la forma de murga convencional y a participar en concursos en el interior uruguayo (en San José, Cerro Largo o Treinta y Tres). Este último verano redujo su nombre a «La Clave», compitió en el concurso de agrupaciones carnavalescas de Montevideo, y alcanzó el quinto puesto, un lugar sin dudas destacado para una murga debutante en la Capital.

Con la dirección general y escénica y los arreglos corales de Álvaro González, la dirección artística de Martín Sosa y Ana Laura de León (responsable además del diseño de vestuario) y los textos de Sosa, Christian Ibarzábal y Martín Perrone, La Clave responde al formato tradicional de las murgas uruguayas.

Hay un argumento, hilvanado con canciones interpretadas a coro -los»cuplés»- con el particular estilo «nasal» del canto de esa música, que mezclan textos humorísticos, irónicos, picantes, ácidos, con melodías conocidas tomadas de diferentes repertorios.

«Camino a la fiesta» relata el recorrido de un grupo de espantapájaros -con un vestuario en telas de arpillera, con gran volumen y mucha creatividad que es de lo mejor de la propuesta- desde el interior uruguayo hasta Montevideo, y luego hasta Cádiz, ciudad española donde muchos sitúan el origen de la murga oriental. Ese viaje le sirve a este grupo de cantantes y músicos para hablar de los complicados vericuetos del concurso de murgas, del papel que le cupo a los partidos tradicionales en la historia reciente del país, de la niñez, de los cuentos infantiles, en graciosa postura revisionista.

Quizá carezca todavía esta formación del pulido y la prolijidad que tienen otras que hemos ido conociendo en Buenos Aires a lo largo de los últimos años. Pero se percibe una búsqueda interesante, sobre todo en el terreno de lo visual y de los textos. Y, a juzgar por la buena recepción de público que tuvieron en este debut porteño, las posibilidades de seguir viniendo a la Argentina son muy buenas.

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