8 de febrero 2016 - 17:08

Buitres: intentarán hoy que el juez Griesa imponga cautelar

LA ESTRATEGIA AHORA ES QUE EL MAGISTRADO ACEPTE EL "INJUCTION" Y SE PUEDA EMITIR DEUDA SIN PELIGRO DE EMBARGOS

Buitres: intentarán hoy que el juez Griesa imponga cautelar
Lifting of the injunction. Ésta será la fórmula legal que el Gobierno llevará ahora al tribunal de Thomas Griesa y que, en la práctica, implica un paso clave para la estrategia argentina: que el juez dicte un "stay" a favor del país y que se detenga, durante el plazo que disponga el magistrado de Nueva York, la vigencia del "pari passu" del fallo de diciembre de 2012 a favor de los fondos buitre, extendida en octubre de 2015 para los "me too". Según esta cláusula, por cualquier pago de deuda posdefault que haga el país, también debería haber una liquidación a favor de los holdouts. Si Griesa aceptara imponer esta medida cautelar, la Argentina se liberaría, durante el tiempo que dure la negociación con los acreedores, de eventuales sanciones contra la emisión de deuda soberana dentro y fuera del mercado local (incluyendo Wall Street). Así, no existiría el peligro de que Elliott, Aurelius y el resto de los acreedores que no ingresaron en los canjes de deuda puedan presentarse y declarar ilegal la colocación y ejecutar embargos. En otras palabras, el Gobierno de Mauricio Macri podría endeudarse libremente, aun antes de un acuerdo final que cierre el "juicio del siglo". Otra meta de la estrategia desplegada por la Argentina será que se desmoronaría la principal arma que tienen los fondos buitre Elliott y Aurelius para presionar al país: impedir la colocación de colocar deuda. En consecuencia, tendrían más presiones para aprobar la oferta que llevó Luis Caputo a Nueva York.

Griesa no está obligado a dictar el "stay" bajo esta fórmula de manera inmediata. Más teniendo en cuenta que los dos principales contendientes contra el país, los fondos Elliott de Paul Singer y Aurelius de Marc Brodsky, se negaron a aceptar la propuesta argentina presentada el viernes pasado. Sin embargo, hay una carta importantísima a favor: el propio Daniel Pollack apoya la posición del país y hoy recomendaría al juez que avale la oferta argentina. Para el "special master", según hizo público el propio abogado norteamericano, el que ahora tiene buena fe en esta larguísima causa es la Argentina, y los que ponen trabas son los acreedores. Al menos los más fuertes.

Para que Pollack tenga ahora esta posición, hubo un movimiento político clave desde Buenos Aires. "¿Puedo hacer algo para ayudar?", preguntó el viernes desde Tucumán el presidente Mauricio Macri vía telefónica a Alfonso Prat Gay. Desde Buenos Aires, el ministro de Hacienda y Finanzas contestó entusiasmado: "Sí, que hables personalmente con el mediador". Así lo hizo Macri, y, usando su inglés (algo que se valoró en el despacho de Park Avenue), el Presidente cerró las negociaciones con Daniel Pollack. El Presidente llamó al "special master" cuando desde Nueva York ya se sabía que al menos un 20% de los acreedores estaban aceptando la propuesta que llevó el secretario de Finanzas, Luis Caputo, hacia el despacho de Pollack, y que Elliott y Aurelius cerraban filas para boicotear el acuerdo. Había una señal clave que venía desde los Estados Unidos: por primera vez desde junio de 2014, Pollack estaba claramente a favor de la posición de la Argentina y se mostraba dispuesto a moverse para que la historia terminara, ahora sí, con un final feliz.

Macri le ratificó al negociador que el país estaba dispuesto a terminar con el "juicio del siglo" y que había "buena fe" de parte de su Gobierno. Pollack, ya también algo cansado de la presión de los fondos buitre sobre su persona, le dio el guiño clave: él mismo hablaría con Griesa y le pediría que avale la propuesta argentina. Y, como regalo, Pollack ponderó la "valentía" de Macri por haber encarado tan rápidamente la negociación y la solución del juicio contra los acreedores. Y también destacó que la oferta que el Gobierno llevó hasta Nueva York no sea la misma que Axel Kicillof había traído en junio de 2014 (las mismas condiciones que el canje de deuda de 2010), y que había logrado el 100% del rechazo de los acreedores.

Lo que venía viendo Pollack en las últimas horas (concretamente desde el martes pasado) es que algunos acreedores (muchos de ellos lejos de la definición de buitre) iban aceptando lo que Caputo les mostraba "con cara de sinceridad", según su definición; y que los más recalcitrantes, Elliott de Paul Singer y Aurelius de Mark Brodsky (discípulo de Singer, por otro lado), eran los que insistían en postergar un acuerdo y en extender al máximo el conflicto. Ahí Pollack se dio cuenta de que la situación era exactamente la contraria a la de 2014: la Argentina venía de buena fe a arreglar un problema, y Singer y Brodsky querían complicar la parada. Ya el jueves por la noche, casi al final de la jornada, Pollack puso un brazo en el hombro de uno de los integrantes de la delegación argentina y le dio una sonrisa amplia y un guiño de ojo. Todo iba bien entonces, y ahora sí, el "special master" comenzaba a jugar abiertamente para la posición argentina.

Lo que dejan claro las cinco largas jornadas de negociaciones en el juzgado de Pollack es que la estrategia aplicada por Luis Caputo dio resultado. El secretario de Finanzas logró quebrar a los fondos buitre en dos bandos, y que haya un grupo cercano a firmar un acuerdo que se enfrente a Elliott y compañía. Logró así aislar a Singer y Brodsky, y ponerlos en el lugar de los "complicados", que no quieren llegar a un acuerdo, pese a que el país le reconocía a los acreedores el 100% del capital adeudado. En cierto sentido, Caputo logró que se viera a Singer como un radical irreductible. Casi lo mismo que el dueño de Elliott decía de Kicillof en junio de 2014.

¿Cómo sigue ahora el conflicto? El negociador elevará hoy la oferta a Griesa, y éste debe dar su aval, y abrir una especie de listado para que los acreedores se vayan anotando. Desde Buenos Aires se descarta que muchos de los "me too" se anotarán, como también el denominado "Grupo Varela" (los 13 argentinos que decidieron no ingresar en los canjes y que eligieron hacer juicio en el tribunal de Griesa). Lo que buscará el país es que el 75% de los bonistas acepte. No es un porcentaje caprichoso. Es lo que indica la ley de "bancarrota" a las compañías privadas norteamericanas para que un concurso de acreedores sea exitoso.

Griesa siempre indicó en diferentes audiencias que, en el caso de la deuda argentina en default, ese nivel era el correcto. La fecha límite para confeccionar esta lista sería el 29 de febrero. Hasta ese día esperaría Griesa. Luego, daría por terminado ese proceso y, si todo sale como esperan desde Buenos Aires, el que no haya aceptado quedaría fuera del acuerdo. Así, el juez daría por terminado el "juicio del siglo" y no ofrecería más oportunidades para litigar contra la Argentina. Además, cerraría cualquier tipo de demanda ya abierta contra el país; incluyendo las causas por Discovery, embargos a bonos como Bonar 24, el "álter ego" del BCRA y el resto de los juicios paralelos que los fondos buitre mantienen en juzgados de los Estados Unidos.

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