28 de agosto 2012 - 00:00

Calidad y resultado

En un deporte que tiene cuatro distintas formas de sumar puntos, el empate es infrecuente y suele ser decepcionante para el que no pudo mantenerse al frente y celebrado por quien logró igualar los puntos del rival.

El 16 a 16 del sábado pasado entre Los Pumas y Sudáfrica fue una mezcla de todo. Por un lado está el contexto histórico: era la primera vez que el seleccionado nacional jugaba de local en el Rugby Championship. Nunca se le había ganado a Sudáfrica y se venía de perder por 21 puntos de diferencia la semana previa en Ciudad del Cabo (27-6).

Por el otro, toda la comunicación previa hablaba de objetivos de juego, cualitativos, sin hablar de los objetivos cuantitativos, es decir ganar. O en este caso empatar.

Los Pumas, que recién llegaron a Mendoza el jueves y estuvieron ocultos de la gente que lo adora salvo en la llegada al aeropuerto, trabajaron sobre sus errores. Entendieron que los tres tries que Sudáfrica les había marcado una semana antes habían sido culpa propia. Evitando que los Springboks tuvieran oportunidades, la brecha se achicaría.

El tackle debía ser emblema de este equipo, frenar a los potentes rivales era una condición clave para un de-sarrollo exitoso. Esto hicieron, pero con una voracidad superior al fanatismo que por el contacto suele tener el equipo.

Con un líder que va camino a convertirse en un capitán histórico liderando desde el frente de batalla, los quince argentinos tuvieron una entrega desmedida.

Por cada portador sudafricano hubo dos tackleadores argentinos. El entrenador sudafricano Heyneke Meyer había priorizado jugadores de tamaño que pudieran transportar el balón. «Hay que imponerse físicamente».

Claro que cuando a Jaques Potgieter se le preguntó por qué no había avanzado con el balón como pretendía su entrenador, fue contundente. «Cuando el tackle es a los tobillos, es imposible avanzar».

Los Pumas no juegan rugby del Hemisferio Sur. En el Súper Rugby el objetivo es marcar tries y dar espectáculo. El rugby de test el objetivo es ganar. Y en ese sentido, los argentinos tienen herramientas más rudimentarias para marcar tries, lo que hace que la defensa tenga que ser lo que es; en otras palabras, al no marcar tries tienen que evitar que el rival se aleje en el tanteador.

El sábado en Mendoza, en el estadio más bonito del país, Los Pumas no cambiaron su libreto, pero le agregaron un mejor trabajo en ataque, una posesión de lo mejor que se vio en el equipo en la era Phelan, y variantes en el juego. No muchas, por que la esencia del equipo no pasa por la creatividad, pero sí lo suficiente para incomodar al rival.

No se pudo ganar. Sudáfrica debería haber celebrado el empate tanto como el dolor que tuvo Argentina por la oportunidad perdida. Los Springboks, que nunca pudieron maniatar a Los Pumas, se salvaron de la vergüenza de darle a los argentinos su primer triunfo.

No se hablaba de resultados cuantitativos. El empate no es victoria ni derrota, pero marca una mejora en el juego de Los Pumas. Ése era el objetivo cualitativo. Ahora vienen los All Blacks en 10 días.

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