22 de octubre 2010 - 00:00

Caos en Capital por activistas que reclamaron por joven asesinado

Los activistas cerraron la marcha que partió de Avellaneda a Plaza de Mayo, pero con convocatoria moderada. Llenaron la mitad del predio y, en el mejor momento, llegaron a ser unos 30 mil; Un grupo de violentos intentó saltar las vallas que separan a la Plaza de Mayo con el ingreso a la Casa de Gobierno con el propósito de ocuparla. Fue ante la mirada de militantes, pero también de aliados del Gobierno; Los activistas espaciaron ayer los gruposdurante la marcha para entorpecer el tránsito.
Los activistas cerraron la marcha que partió de Avellaneda a Plaza de Mayo, pero con convocatoria moderada. Llenaron la mitad del predio y, en el mejor momento, llegaron a ser unos 30 mil; Un grupo de violentos intentó saltar las vallas que separan a la Plaza de Mayo con el ingreso a la Casa de Gobierno con el propósito de ocuparla. Fue ante la mirada de militantes, pero también de aliados del Gobierno; Los activistas espaciaron ayer los gruposdurante la marcha para entorpecer el tránsito.
Un grupo de activistas de izquierda que en su mejor momento no superó los 30 mil, paralizó ayer el centro porteño con una marcha que cruzó desde Avellaneda hasta el barrio de Congreso hasta arribar a la Plaza de Mayo para reclamar el esclarecimiento del la muerte del joven Mariano Ferreyra, víctima de un tiroteo de barras de ferroviarios en Barracas, el miércoles a la mañana. El caos en el tránsito alcanzó al de las grandes jornadas del piqueterismo aplicando los organizadores la picardía de organizar pequeños grupos que se distanciaban entre sí en las esquinas para hacer más evidente su presencia. Con enmascarados con palos que desfilaron frente a policías desarmados para evitar incidentes, la marcha y el acto mezclaron a militantes del Partido Obrero (formación a la que pertenecía Ferreyra), de la CTA y ATE, una pequeña columna del solanismo, con aliados del Gobierno que debieron tolerar, con paciencia, un discurso de Jorge Altamira en el cual reclamó una reunión con Cristina de Kirchner para, sentados en una mesa, dijo, preguntarle «qué van a hacer».

El partido de Altamira no tiene representación parlamentaria y tiene dificultades para mantener su inscripción partidaria por la baja cantidad de votos en las elecciones. Igual copó la marcha y el acto, y mostró la extravagancia de que sus dirigentes simulasen una fuerza y un poder que no tienen, protegidos por la desgraciada muerte del joven Ferreyra.

La marcha tuvo un sesgo opositor, y las consignas centrales apuntaron a cuestionar la «burocracia sindical» y la figura del secretario general de la Unión Ferroviaria (UF), José Pedraza. La organización del acto estuvo a cargo del Partido Obrero (PO), y apenas hubo encontronazos entre los asistentes por la ubicación de las columnas. Junto al PO hubo columnas de otros partidos de izquierda, como el MST, el PTS, el Nuevo MAS, el Socialista y la Izquierda Unida. Y hasta una pequeña concentración del ARI San Isidro, que quedó al margen de la concentración principal, recostada sobre el Cabildo.

Los principales grupos piqueteros fueron el Movimiento Teresa Rodríguez, la Corriente Clasista y Combativa (CCC) y el Movimiento Territorial de Liberación. El sector sindical más numeroso fue aportado por los gremios de la CTA. Participaron las dos líneas hoy enfrentadas de la central obrera alterna, la del todavía secretario general, Hugo Yasky, y la del proclamado ganador de la interna, Pablo Micheli. También estuvieron las listas ferroviarias opositoras a la conducción de Pedraza, tanto la Bordó como la Marrón. Y casi la mitad de la concurrencia fue aportada por las agrupaciones estudiantiles. Las más activas fueron la rama universitaria del PO, La Mella; la del PTS, «En clave roja», la Federación Universitaria de Buenos Aires (FUBA) y Cauce. La presencia de activistas de Quebracho aportó el habitual momento de tensión con sus integrantes, encapuchados, que azotaron con palos el vallado montado por la Policía Federal.

Los dirigentes más reconocidos fueron Altamira, Marcelo Ramal y Néstor Pitrola, del PO; junto a Fernando Pino Solanas, Sabbatella, Ricardo Forster, la multiuso Vilma Ripoll y la presidenta de Madres de Plaza de Mayo Línea Fundadora, Nora Cortiñas, entre otros. Al frente de la marcha estuvo uno de los heridos, el trabajador tercerizado Nelson Aguirre, junto a sus familiares y compañeros de trabajo. No se la vio, aunque era jueves y en la Plaza, a Hebe de Bonafini.

Las consignas principales fueron leídas desde un pequeño escenario, donde se llamó a «juicio, castigo y cárcel a los responsables y cómplices» del asesinato de Ferreyra. Los cánticos fueron más elocuentes y de tono belicoso: «A Mariano Ferreyra lo vamos a vengar, con piquetes y la huelga general»; o «las balas que vos tiraste van a volver... no van a quedar ni un burócrata ni un patrón», así como el más evocativo «qué cagazo, qué cagazo, obreros y estudiantes, como en el Cordobazo».

La movilización fue organizada el miércoles a la tarde en el céntrico hotel Bauen. Allí fue un centenar de dirigentes de las agrupaciones y partidos encargados de la convocatoria. Y acordaron dejar en manos del PO las principales directivas. Algunos sectores plantearon movilizar activistas hasta la puerta de una sede de la Unión Ferroviaria, en el centro porteño, y acometer contra las instalaciones, pero fueron disuadidos por los del PO.

Hacia el final del acto, tres dirigentes del Partido Obrero fueron recibidos en la Casa Rosada por el secretario general de la Presidencia, Oscar Parrilli, quien se comprometió a trasladarle a Cristina de Kirchner el pedido para concretar una audiencia con los representantes de ese partido.

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