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Cauto, PJ “durmió” tensiones: negocian un congreso ordenado
Cristina Álvarez Rodríguez, Hugo Moyano y Hugo Curto, en la cabecera ayer del Consejo del PJ bonaerense.
El único arrebato, puertas afuera, lo aportó Mario Ishii. Al entrar a la sede del PJ, reclamó primarias pero luego, en la cumbre del Consejo, eligió el silencio. Antes de irse, ante un puñado de caciques, murmuró: «Esta semana pido número de lista para competir».
El alcalde irrumpió estos días como potencial rival de Daniel Scioli. La cita que tuvo el viernes con Sergio Massa -que lo visitó en José C. Paz- pareció la previa de un pacto. Puro humo: Massa surfea en la ambigüedad; Ishii avisó que no se aliará con el de Tigre.
No había, en los papeles, ningún componente crítico. Ni siquiera la inclusión del cupo femenino para los órganos partidarios que obligará a modificar la mesa del congreso y, en el futuro, reservar un 30% de las butacas del Consejo para mujeres.
Escueto, Moyano liquidó rápido el trámite y archivó, en ese acto, la amenaza de Baldomero «Cacho» Álvarez de pedir la renuncia del apoderado Jorge Landau. El massismo cumplió, también en no tirar en la mesa asuntos que, entiende, se resuelven en otro plano.
Es más: Malena Galmarini, esposa de Massa, y consejera por la rama femenina, integró el pelotón de los ausentes junto a Aníbal Fernández, Florencio Randazzo, Julián Domínguez, José María Díaz Bancalari -de gira con Cristina- y, entre otros, Alberto Descalzo.
Sin sorpresas, la intriga quedó en stand by para el congreso partidario que, como anticipó este diario ocho días atrás, será el próximo sábado en Caseros, constelación que gobierna el metalúrgico Hugo Omar Curto.
Sin embargo, ayer quedó explicitada la voluntad de que esa asamblea se desarrolle sin estridencias. «Todos saben que la cuestión política no se decide ni en el Consejo ni en el congreso» sintetizó, anoche, un miembro de la mesa chica del PJ.
Más simple: el mandato que irradió Moyano en sus contactos con el cacicazgo del PJ fue montar un encuentro que evite las tensiones en torno a la eventual presentación de listas rivales a Daniel Scioli en las primarias convocadas para el 14 de agosto.
La duda es una: ¿emitirá, el congreso del peronismo bonaerense, un mensaje de respaldo unánime a la reelección del gobernador como hizo, el sábado pasado, el PJ nacional respecto de la candidatura de Cristina de Kirchner, a propuesta de Miguel Ángel Pichetto?
«Scioli no lo necesita -confió ayer, un consejero del conurbano-: casi todos los intendentes lo respaldan, Cristina también y es, lejos, el que mejor mide». Las rebeldías de Massa y, ahora de Ishii, según ese jerarca, son gambetas para «subirse el precio».
Ishii, que viene de un tiroteo con la rama gremial -en José C. Paz prologó, incluso con más dureza, el discurso en el que Cristina de Kirchner castigó a los sindicatos-, advierte que las primarias fortalecen a la Presidente porque «todos» la respaldan.
Tiró, a modo de despedida, una última cláusula: dejará a criterio de la mandataria la determinación última de anotar o no una boleta enfrente de Scioli. Flota un motivo más terrenal: empezó en los territorios el armado de listas, rondas que excluyen a ciertos referentes.
La confluencia Ishii-Massa tiene ribetes fascinantes. Tras la elección del 28-J, en la que Néstor Kirchner perdió con Francisco de Narváez, el intendente de José C. Paz pidió licencia a su cargo para salir a «cazar traidores» a la causa K.
Apuntó en su amenaza a los dirigentes que sacaron, en el plano local, más votos que la boleta encabezada por el patagónico. El alcalde de Tigre, por entonces, jefe de Gabinete encabezó el malón de los que obtuvieron más sufragios que Kirchner. «Ishii salió a cazar y lo cazó a Massa. Ahora tiene síndrome de Estocolmo» dijo, burlón, un dirigente.


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