17 de febrero 2011 - 00:00

Cayó un banco en Dinamarca. Algo huele mal

Jean-Claude Trichet
Jean-Claude Trichet
El 6 de febrero pasado el pequeño banco danés Amagerbanken se declaró en quiebra al no poder cumplir los requisitos de solvencia obligatorios y aceptó ser intervenido por el Estado, que ahora cerrará la entidad. Amagerbanken, el décimo banco danés que cae en manos del Estado por la crisis financiera de 2008-2009, explicó en un comunicado que las amortizaciones e impagos inmobiliarios del cuarto trimestre habían eliminado su patrimonio neto. Acordó transferir sus activos a una nueva entidad subsidiaria bajo la tutela del Finansiel Stabilitet, el ente estatal que administra los bancos quebrados.

Pero la caída de esta institución puede constituir un caso testigo para la banca de la Unión Europa y los inversores, porque tanto bonistas como depositantes sufrirán una quita del 41%. Hasta ahora se lanzaron rescates para evitar el pánico bancario, bajo el criterio de privatizar las ganancias y socializar las pérdidas, y así el Estado garantizaba el 100% de los depósitos y bonos. El Amagerbanken, que llegó a ser la octava entidad del país en cuanto a créditos, es el primer banco europeo en ser rescatado bajo el nuevo marco regulatorio elaborado por las autoridades comunitarias en octubre de 2010. Desde hace meses la UE y el Banco Central Europeo a cargo de Jean-Claude Trichet vienen desarrollando un plan de quiebras bancarias ordenadas con el objetivo de que los contribuyentes no paguen solos el costo de estas intervenciones. Un documento de la Comisión Europea aún en debate, plantea proteger a los contribuyentes de nuevas crisis bancarias mediante la aplicación de quitas a los acreedores de las entidades insolventes. La idea es aplicar quitas o convertir deuda para ayudar a estabilizar a un banco quebrado y reducir así la necesidad de inyectar fondos públicos. La quiebra del banco danés supone, en este contexto, un punto de inflexión; porque la intervención implica una suspensión de pagos a los acreedores y a parte de los depositantes. Según explican los analistas el valor de los activos transferidos al Estado apenas alcanza el 59% de los pasivos (deuda senior), de modo que la diferencia tendrá que ser asumida por los acreedores en forma de pérdidas. Tanto los tenedores de bonos senior (los primeros acreedores en cobrar en caso de quiebra), incluidos los bonos garantizados por el Gobierno tras la crisis, perderán un 41% de lo que prestaron, al igual que los depositantes que tengan más de 100.000 euros. De este modo, el Amagerbanken es el primer caso que implica pérdidas para los inversores privados (accionistas, tenedores de bonos y depositantes), en sintonía con el nuevo marco europeo de rescate privado de entidades.

Aunque aplicar una medida de este tipo resulta mucho más fácil cuando se trata de un banco pequeño, esto podría sentar un precedente para la quiebra de entidades en otros países de la zona euro. Por eso ahora los mercados miran de reojo al sistema financiero irlandés porque temen que el nuevo Gobierno, que gane en las elecciones del 25 de febrero, dé marcha atrás con el salvataje del FMI-UE y aplique la misma medicina.

Un dato curioso: en varios periódicos de la UE la noticia no salió, quizás, por temor a anticiparle a los ahorristas lo que puede pasar.

Para el titular del banco central de Dinamarca, Nils Bernstein, el resto de los bancos daneses tienen una adecuada capitalización y liquidez. Por lo pronto ayer la calificadora Moodys castigó a las principales entidades de la banca danesa rebajando las notas al Danske Bank, a FIH Erhvervsbank, a Ringkjoebing Landbobank, a Spar Nord Bank y puso en alerta al Jyske Bank y Nordea Bank Danmark.

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