Boselli, goleador en la noche uruguaya, abre sus brazos hacia la final de la Copa Libertadores.
Montevideo Contra todo y contra todos. Estudiantes logró la hazaña de clasificarse semifinalista de la Copa Libertadores, jugando a su manera. Sin regalar nada y aprovechando cada ocasión que se le presentó, derrotó por 2 a 1 a Nacional en el Estadio Centenario y jugará la final con Cruzeiro o Gremio de Brasil.
El contenido al que quiere acceder es exclusivo para suscriptores.
Nacional quiso hacer valer la condición de local y armó un festival previo de fuegos artificiales, y sus 40 mil seguidores no pararon de cantar durante los 90 minutos. Con eso creyó que iba a amedrentar a un equipo que volvió a demostrar su raigambre copera. Sin Verón, Rodrigo Braña pasó de «secretario» a «jefe» y cumplió muy bien con sus tareas de mando. Fue el que le puso la pausa y, como no tiene la pegada de la «Bruja», se dedicó a tocar corto y seguro. A su lado, Matías Sánchez hizo el trabajo sucio, y Leandro Benítez fue el socio ideal para que la pelota quedara trabada en la mitad de la cancha.
Nacional desperdició el primer tiempo con Matute Morales entregado a la marca e inmóvil, facilitando el trabajo de los rivales, y en el segundo puso al juvenil Lodeiro para tratar de cambiar la historia, pero a los 7 minutos se equivocó Coates, y robó Gastón Fernández para que Boselli marque el gol de la clasificación.
A partir de allí, las cosas se facilitaron para Estudiantes, que jugó con la desesperación de Nacional y afirmado en una defensa que no se equivoca nunca y en un arquero que acaba de romper el récord de la valla invicta que el «Loco» Gatti mantuvo más de 30 años.
Nacional, de tanto ir, tuvo su premio con el empate de Alexander Medina (su primer gol en la Copa), pero en su afán de buscar revertir la historia, el equipo uruguayo se descuidó atrás, y Estudiantes le volvió a robar la cartera, en el último minuto, con un Mauro Boselli que mostró una efectividad goleadora que hace mucho no tenía.
Dejá tu comentario