Cervantes para el poeta díscolo Caballero Bonald

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Madrid - El periodista, poeta, novelista y ensayista español José Manuel Caballero Bonald recibió ayer el Premio Cervantes, el más importante que se otorga en lengua castellana, según informó el Ministerio de Cultura español. Siguiendo la habitual alternancia entre un autor español y otro hispanoamericano (el año pasado lo recibió Nicanor Parra), esta vez el Cervantes fue discernido para un local que, lejos de la modestia borgeana, no titubeó en justificarlo: «Era mi turno. Me honra que un jurado haya decidido que mi obra merece ser reconocida en su conjunto», dijo Caballero Bonald, de 86 años, al tomar conocimiento de la noticia.

Caballero Bonald nació en 1926 en la andaluza de Jerez de la Frontera, de padre cubano y madre de ascendencia aristocrática francesa. Desarrolló parte de su larga carrera literaria en América Latina, donde ejerció, entre otros cargos, el de profesor universitario en Bogotá. Su obra poética incluye «Las horas muertas» (1959), «Pliegos de cordel» (1963), «Manual de infractores» (2005) y «La noche no tiene paredes» (2009). Entre su producción novelística se cuentan «Dos días de septiembre» (1962), «En la casa del padre» (1988), «La costumbre de vivir» (2001) y «La novela de la memoria» (2010).

El ganador del premio había anunciado hace poco que, tras la publicación de su libro autobiográfico «Entreguerras», un solo poema de casi 3000 versos, dejaría la escritura. «Ya no voy a escribir nada», aseguró en una entrevista. Sobre «Entreguerras» dijo que el título se refiere a sus «conflictos personales, a los enfrentamientos paulatinos con ciertas realidades inaceptables, a las luchas interiores para ir soldando lo que se vive con lo que se escribe». En «Manual de infractores», publicado por Seix Barral como la mayoría de sus últimos libros, Caballero Bonald reaccionó ante las injusticias y desastres que se cometen en el mundo.

En sus versos atacó «a los biempensantes, a los necios y a los que abominan del rango de infractores». «Si no hubiese podido escribir, me tendría que haber inventado otro procedimiento para justificarme a mí mismo», manifestó en un reportaje. «La literatura es una celebración de la vida». En más de una ocasión declaró que él no está «capacitado para escribir mal, y no es petulancia. No concibo la literatura descuidada, apresurada, despojada de preocupaciones estilísticas. Eso es otra cosa, eso se puede llamar prosa administrativa, pero no literatura».

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