9 de octubre 2012 - 00:27

CHARLAS DE QUINCHO

La segunda y abundante parte de estos quinchos se inicia en lugar top, con los entretelones de la designación de un cargo no menos top: el consulado en esa plaza, que durante el fin de semana se vio inusualmente militarizada: claro, se celebraba la cumbre de ministros de Defensa del continente. Seguimos con la masiva comida anual de un gremio cercano al Gobierno, con la reaparición de un funcionario cuyas actividades públicas parecían limitadas. Hubo otro encuentro en Córdoba, de intrigantes versiones políticas, y por supuesto cumpleaños, como el del exlegislador Jorge Enríquez (donde nos enteramos de que hay gente que se dedica a la enseñanza de los simples iPads). Terminamos con quincho refinado en el Teatro Colón. Veamos.

Dos banqueros para ver la Cenicienta en el Colón. Federico Sturze-negger, presidente del Banco Ciudad, junto a Enrique Cristofani, del Santander Río.
Dos banqueros para ver la Cenicienta en el Colón. Federico Sturze-negger, presidente del Banco Ciudad, junto a Enrique Cristofani, del Santander Río.
Ocupación plena de argentinos ayer en Punta del Este, y no por el fin de semana largo. Se inauguraba, en la plaza de Maldonado, cabecera del balneario, el consulado que atenderá los asuntos de argentinos residentes y turistas -son el padrón dominante en esa región del Uruguay- y cuya titularidad ha sido durante varios meses objeto de una pelea sorda entre los diplomáticos que soñaron toda la vida en tener un puesto en algún lugar paradisíaco durante todo el año. El escrutinio tuvo de todo; presiones, competencia por experiencia y puntaje, y terminó en manos de un hombre que viene de ser cónsul en Punta Arenas y Canadá, pero que tiene un origen territorial clave hoy en la Cancillería: será José Andrés Basbus, a quien presentaron en el cóctel que se hizo en la nueva sede de la calle Sarandí de Maldonado. Nació en La Banda (Santiago del Estero), de donde viene también Eduardo Suain, vicecanciller de HéctorTimerman. Las máximas autoridades argentinas, presentes: el ministro de Defensa, Arturo Puricelli; el embajador Dante Dovena; el segundo en esa legación, Julio Lascano; y un lote de notorios habitantes del balneario, además de los intendentes de Maldonado y de Rocha. Estuvo a punto de llegar Pepe Mujica, quien se disculpó por los trajines de la cumbre de ministros de Defensa de todo el continente, una actividad que inundó Punta del Este de uniformes y aportó los comentarios más importantes del cóctel en el consulado. Para esa cumbre se movilizaron cientos de funcionarios de 34 países que llenaron el Conrad en un fin de semana de pésimo clima con lluvias permanentes. El domingo a las 20, los visitantes habían sido agasajados por el ministro de Defensa oriental, Eleuterio Fernández Huidobro -»mi compañero»-, como lo distinguió el presidente Pepe Mujica, un código de familiaridad y amistad que se dispensan entre sí los militantes tupamaros. El cóctel se armó en uno de los enormes salones del hotel-casino con catering propio. Desfilaban los comensales recorriendo las islas con diferentes comidas étnicas; los estadounidenses, encabezados por el secretario Leon Panetta, se agolparon en la tex-mex, deliciosas quesadillas preparadas just in time. Otros, como el brasileño Celso Amorim, preferían las brochettes, más cercanas al espeto, el clásico de la parrilla carioca. Las había de carne, pollo y pescado; una bolita de color en uno de los extremos de cada pincho diferenciaba los sabores. Cientos de canapés y saladitos, imposible discernir el contenido, pero todos exquisitos. Los postres se sirvieron en una larguísima mesa central, miniaturas dulces que se degustaban de un bocado. Todo regado por vinos nacionales (infaltable la cepa Tannat); eso sí, el whisky, escocés «del caminante», según aplica al gusto de los hombres del Pentágono. Allí se supo de la partida repentina del alto funcionario norteamericano con destino a Bruselas para una cumbre de la OTAN donde urge el tratamiento de la situación en Siria y la estrategia de salida de Afganistán. Colegas que tienen confianza con el anfitrión, Eleuterio Fernández Huidobro, bromeaban con él porque por esa dolencia que lo obliga a usar bastón y a no poder estar mucho tiempo de pie recibió a los invitados sentado y uno a uno debían saludarlo como si se tratase del Papa en el besamanos de los cardenales.

El comentario extendido fue el férreo esquema de seguridad implementado por la presidencia uruguaya. Dos buques de guerra, diecisiete aeronaves de la Fuerza Aérea, un radar tridimensional móvil, dos baterías de cañones Vulcan de 20 milímetros, dos tanquetas apostadas en el estacionamiento del Conrad, perros de guerra para rastreo de explosivos -turistas argentinos desprevenidos que deambulaban por la rambla pensaron que se trataba de los canes de Ricardo Echegaray, el zar de la AFIP- y un ejército de personas de traje oscuro conectadas por auriculares que superaban tres a uno los invitados a la cumbre. El tema obligado de conversación fue la elección presidencial en Venezuela. Hervían los smartphones y otros dispositivos en los dedos de los asistentes de los ministros en búsqueda de datos on line sobre la marcha de los comicios. Entre tanto especialista de la defensa se concluyó que la continuidad del bolivariano por seis años más abre otra vez a la observación la trilogía de la presencia estratégica de China, Irán y Rusia en la región. Buena parte del arsenal que adquirió Chávez en reemplazo del material de procedencia estadounidense vino de Rusia y de China; lo de Irán quizá es la orejeta más sensible por aquellas acusaciones que soportó el bolivariano de colaborar en el cuestionado programa nuclear iraní.

El ciclo de elecciones internacionales cuenta con una activa participación de la dirigencia política argentina en todos los niveles; por caso, resultó curioso que en el mismo avión de Aerolíneas en el que partieron los diputados del grupo de acción política Federico Pinedo, Patricia Bullrich y Eduardo Amadeo viajaron en clase turista a apoyar al opositor Capriles mientras el polémico juez Roberto Gallardo embarcaba en primera clase para hacer lo propio a Chávez. Por su parte, el director de Relaciones Internacionales del Gobierno de la Ciudad, Fulvio Pompeo, hace malabares para autorizar a los casi cuarenta funcionarios y legisladores de las áreas más insólitas que viajaran para observar el proceso norteamericano con pasajes en ejecutiva y primera más viáticos a costa de los «estaqueados» contribuyentes porteños.

Intensísima la semana de quinchos, con agazapadas cenas de conspiración y multitudinarias algaradas como la de los porteros en La Rural, que duró hasta las siete de la madrugada del domingo y asistió a una reaparición indicativa de Amado Boudou en el centro del escenario y, además, bailando hasta las 3 junto a un lote dispar de invitados, que iban desde el kirchnerismo duro con Juan Manuel Abal Medina, Gabriel Mariotto, Diana Conti, Daniel Filmus, Roberto Feletti, los Santa María (Víctor, y su padre, «Pepe») y Juan Cabandié, hasta una representación de la farándula con Florencia de la V, Gastón Portal y Martín Palermo, pasando por testigos del peronismo de siempre, como María Laura Leguizamón, Eduardo Valdés, Estela de Carlotto, Martín Olmos (hijo de «Keli», hoy en la ANSES porteña) o el sindicalista del tabaco Roberto Digón.

Interesante el recorte de la asistencia, por algunas ausencias que pudieron en otro tiempo ser infaltables en esta fiesta anual de los encargados que indica un poco el barómetro del peronismo porteño. Santa María era señalado por Néstor Kirchner como un dirigente que jugaba siempre en el medio y hasta a dos puntas, forzado por la necesidad de subsistir en la eterna oposición en un distrito en donde el peronismo no gana. Ese señalamiento aportaba algunas convivencias en la Legislatura porteña, donde lo veían apoyando a veces consignas macristas. Pero el arranque del período electoral -adelantadísimo este año- terminó encuadrando al gremio, seguramente la estructura más sólida del peronismo en la Capital, detrás del sector más cristinista, el mismo que se había manifestado el viernes en San Juan en una reunión de la liga Unidos y Organizados, de la que se ausentó -otro dato clave- el gobernador José Luis Gioja por superposición de agendas. Ese encuadramiento quizás explique algunas ausencias como la de Carlos Tomada -quien hasta ahora animaba a un sector del peronismo más autónomo del cristinismo, el de Cabildo Abierto- o la de Juan Manuel Olmos -presidente del Consejo de la Magistratura local, Andrés Rodríguez- o Juan Carlos Dante Gullo, quienes comunicaron diversos justificativos para no compartir las mesas en las que se agolparon 10.825 porteros, cifra exacta de los organizadores que no llegó a superar la que dicen haber certificado los gastronómicos hace dos semanas en el mismo predio, que llegó a los 18 mil.

La exaltación de Boudou como orador en el acto para consagrar el apoyo de los Santa María al cristinismo importa porque aparecía resguardado en actos del Senado, en otros junto a la Presidente y en algunas actividades en el conurbano. Ahora volvió al distrito en el cual actuó como candidato durante varios meses, señal de que puede tener algún destino porteño. Inevitable que esa aparición, y la constancia de que Nilda Garré ha sido medida con algún éxito entre los posibles candidatos del peronismo para las elecciones del año que viene en la Capital, disparase especulaciones entre los invitados de Santa María, que ya fue antes candidato a senador suplente en el distrito. Aturdidos por los ritmos del grupo cuartetero Banda XXI y, para el cierre, de los Auténticos Decadentes, los grupos que conversaban a los gritos en la larga sobremesa devanaron la actualidad de la semana con más dudas que certidumbres. Una, qué destino tiene Garré en el ministerio cuando a la vez tiene buenas mediciones en las encuestas para una candidatura; esa percepción disipaba la idea de que en cualquier momento abandonase el cargo a raíz del alzamiento de gendarmes y prefectos.

Se extrañaban -después de todo son la mayoría gente de orden- de que los uniformados se quejasen de que los pasen a disponibilidad, algo obvio cuando con el modo de protesta quebraron la cadena de mando y quedaron desautorizados para imponer el orden, que es su misión. ¿Con qué autoridad aplicarían la ley ante el público después de lo que hicieron, cuando ellos mismos se desacataron? Bendijeron en todos los comentarios el hecho de que hasta ahora esos quejosos no hubieran levantado sus puestos de trabajo y limitasen la protesta a las horas de franco. No faltó quien pusiera eso en duda al relatar que un diputado nacional de la primera línea del kirchnerismo fue el miércoles pasado, como es su hábito una vez por mes, a cortarse el pelo a un coiffeur que tiene local en Puerto Madero, zona vigilada por la Prefectura. Le costaba encontrar estacionamiento, pero el coiffeur salió a la calle y le aconsejó: «Estacione en doble fila, nomás, que hoy acá no vigila nadie». También advirtieron a qué punto había llegado la conmoción hacia adentro del Gobierno: el martes por la noche, día en el que estalló la rebelión, la mesa chica de los diputados del oficialismo lo esperó hasta la madrugada a Hernán Lorenzino para una cena a puertas cerradas a la que había prometido asistir para explicarles la sintonía fina del Presupuesto. Nunca llegó porque se quedó en el edificio de Prefectura en la primera línea de la negociación con los alzados, de quienes debió protegerse al salir, pese a lo cual ciertos quejosos llegaron a patearle las puerta del auto.

Algunos de los presentes (Valdés, Santa María) habían estado en Estados Unidos cuando viajó la Presidente y fueron consultados por algunos entretelones de la intervención de Cristina de Kirchner en dos universidades, y si eso traería efectos punitivos sobre los funcionarios que organizaron las conferencias de Georgetown y Harvard. Esas dos actividades, supimos mientras resonaban los Auténticos Decadentes, tuvieron responsables distintos. La de Washington, menos comentada por sus efectos en la opinión público, corrió por parte del embajador Jorge Argüello, hombre del distrito que mantiene línea directa con sus conmilitones del PJ -aunque con cierta cautela, porque siempre quieren jugarlo como candidato, algo de lo que huye para no perder su carrera de diplomático para volver a lo que ya fue, concejal y diputado nacional.

La de Harvard tiene una historia distinta, que reveló el propio protagonista por TV la noche del jueves. Alberto Fernández dijo que hace unos meses lo había llamado una estudiante de Harvard -»que parecía más bien cristinista», agregó- para pedirle un contacto para invitar a la Presidente a dar una charla. El exjefe de Gabinete la remitió, ofreciéndole incluso los teléfonos, a la Secretaría de Oscar Parrilli, quien se encargó del resto de la changa. Un dato para moderar la idea de algunos cristinistas de que esa invitación había sido una conspiración opositora.

Entre hombres de fútbol, dominantes en varias mesas, una de ellas encabezada por Palermo, exigidísimo para fotos, tanto que al final hubo que ponerle una custodia, se comentó el incidente ocurrido en Rosario cuando jugaron Los Pumas el sábado con Australia. El presidente de Rosario Central, en cuyo estadio se jugó el partido, Norberto Speciale, y el mánager del equipo, Gonzalo Bellos, le pidieron a la Unión de Rugby la cortesía de darles 200 entradas para repartir ellos. Se las dieron, pero cuando el dirigente de la UAR entró al estadio vio que esas entradas habían sido repartidas a integrantes de la barra del club. Speciale no se inmutó con la observación y le pidió 50 entradas más, que el hombre del rugby no le dio.

A propósito de Estados Unidos, el embajador Argüello -que es representante de todo, no sólo del Gobierno que integra- se desdobló en la semana para atender distintas ventanillas partidarias. Recibió a su colega destacado en Chile, Ginés González García, quien anduvo por Washington junto con un grupo de sus alumnos de la universidad Insalud en viaje que incluyó una visita al territorio minado de Washington. Sus peripecias incluyeron visita a la embajada y una reclusión futbolera en el final del viaje, para seguir el triunfo de Racing Club que puso a esa casaca en el primer puesto del campeonato, aunque fuera por unas horas. También Argüello acompañó a un socialista, el gobernador Antonio Bonfatti, en el raid que hizo el santafesino por organismos con sede en Washington para atornillar algunos créditos que le pueden aliviar la escasez presupuestaria. Pasó por la embajada y le dejó al dueño de casa un mate de regalo, inusual presente tratándose Argüello de un argentino que debe tener una alacena llena de mates, para regalar también. Los trebejos materos que recibió, sin embargo, parecían tan suntuosos que Argüello tendrá que quedárselo y no sumarlo al «shopping» que tiene todo funcionario con regalos que esperan, a su vez, ser regalados a terceros.

Más de contrafrente, pero cargada de intrigas, fue la prolongación de su estadía en Washington del vicecanciller Eduardo Suain para mantener reuniones con los funcionarios de todas las representaciones criollas en esa ciudad: embajada, organismos internacionales y OEA, que sigue vacante desde que la dejó el duhaldista Rodolfo Gil y que está a cargo de Martín Gómez Bustillo. ¿Anduvo Suain, uno de los funcionarios a quienes se le da más futuro en el kirchnerismo por su relación con Alicia Kirchner, midiendo esa silla en la OEA? Este diario adelantó que uno de los candidatos podría ser el director electoral Alejandro Tullio, hombre con vocación diplomática y muy viajado, pero a quien el Gobierno cree imprescindible hoy para organizar las elecciones. El Gobierno no tiene mucho aprecio, además, por la OEA, organismo que el tercerismo acusa de ser manejado por los Estados Unidos, y prefiere otros sellos como Unasur o la Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños y no parece preocuparle mucho tener esa vacante, como tuvo la de la ONU -que le merece algo más de respeto- hasta ahora cuando designaron a Marita Perceval (asume este mes). En esas reuniones se echó a rodar otro nombre, el de Chacho Álvarez, hombre de lejanías -tiene hoy un puesto en Montevideo, en donde ha vivido prácticamente desde que Néstor Kirchner lo designó en un cargo en el Mercosur-. En esas reuniones se reflotó una vieja frase que se atribuye a un ministro del gabinete dicha sobre ese puesto a Néstor Kirchner: Si Néstor se entera de que hay una embajada en la OEA, la deroga en el acto. 

En homenaje a la brevedad en esta segunda entrega de quinchos elegimos otro encuentro con carga política ocurrido en la noche del jueves en la parrilla más connotada de la ciudad de Córdoba, Carnes de Alcorta, adonde se citaron, después de su participación en la reunión de la Comisión Bicameral de reforma de los códigos Civil y Comercial, el senador Ernesto Sanz y el diputado Ricardo Gil Lavedra. Fue el final de una día agitado porque se había producido el enfrentamiento en el Congreso por la decisión del kirchnerismo de desplazarlo a Leandro Despouy de la presidencia de la Auditoría General de la Nación, incidente con final abierto y que en algún momento terminará en la Justicia porque las partes mantienen sus posiciones. Esa tarde, cuando recibieron los radicales la noticia, amenazaron con levantarse de la sesión de la Bicameral de reformas, que todos coincidieron que fue la más sesuda de todas por el aporte de académicos de Córdoba, ciudad de leguleyos si las hay. Intervino el presidente de la Cámara de Diputados Julián Domínguez para que eso no ocurriese y echase por tierra la reunión.    

Dijo haber hablado esa tarde con Carlos Zannini quien le habría dicho que ese desplazamiento del radical Despouy no era una decisión del Gobierno sino de los legisladores por las suyas. Con eso los calmaron, aunque en los días que siguieron las autoridades de la Cámara, Domínguez entre ellos, insistieron en que el titular de la AGN necesita de una ratificación por la UCR. El partido, se decidió en ese encuentro, no lo hará porque reconocería que el funcionario actuó dos años sin autorización. Sanz recordó que cuando se produjo el eventual cese de Despouy en la AGN él era presidente del Comité Nacional de la UCR y se consideró entonces que el funcionario debía seguir en el cargo mientras el partido sea la primera fuerza opositora. Desde ese día los radicales han acumulado una carpeta con testimonios de cómo el oficialismo le reconoció hasta ahora el cargo, incluyéndolo en el protocolo como tal, aprobando dictámenes e invitándolo a actos en Casa de Gobierno, como cuando asumió la procuradora Gils Carbó. Si esa destitución prospera, dicen los radicales, pueden peligrar dictámenes que tienen estado judicial en causas como el desastre de la estación Once.  

Hubo en esa cena en Carnes de Alcorta tiempo para la predilecta actividad de los radicales, la interna partidaria. Sanz venía esa noche de una larga reunión con el intendente de Córdoba Ramón Mestre (h), a quien comprometió para que lance una campaña nacional como jefe de los intendentes radicales de todo el país para frenar la corrida de algunos de ellos hacia el macrismo, como ocurre en la provincia de Buenos Aires. A Mestre le gustó porque quiere construir su candidatura a gobernador en 2015 y necesita alguna tarima desde la cual exhibirse. En esas charlas se discutió sobre la necesidad de los radicales de ir definiendo quién encabezará la lista de diputados nacionales del año que viene. Oscar Aguad, el más expectable, termina su mandato pero la carta orgánica le impide ser. Necesita votos internos para una modificación porque otros candidatos, como el intendente de Mina Clavero, Juan Jure, no tienen hoy el nivel de conocimiento para postularse.
A Mestre le reconocen los cordobeses que se va convirtiendo en el líder del partido que hasta ahora no tenían desde Eduardo Angeloz, pero se entusiasman cuando ven que su adversario en la oposición, Luis Juez, ha sufrido desgaste al votar a favor de la expropiación de la empresa Ciccone y les deja espacio en la pelea contra el oficialismo, que será representado por el exgobernador Juan Schiaretti. Hubo final con brindis por un hecho que sólo puede expresarse con sordina: con Despouy y el juez Ricardo Recondo -hoy en el Consejo de la Magistratura pero antes presidente del gremio de jueces, la Asociación de Magistrados-, a quien se le atribuye una referencia en sus filas, la UCR recupera aire opositor después de salir tercera detrás del socialismo en las elecciones presidenciales del año pasado.

Hubo en la semana acumulación de cumpleaños, todos con alguna carga política. El exlegislador y titular de la caja de abogados porteños en extinción (la Cassaba) Jorge Enríquez llevó a dos acorazados jurídicos a la cena que hizo el miércoles en Sottovoce de Puerto Madero: estaban el abogado radical Zenón Cevallos, guardián de los secretos judiciales de su partido, sector derecho penal, delicadísimo, y al patrocinante del ferroviario José Pedraza, Carlos Froment, otro custodio de secretos penales de sindicalistas. Le celebraron a Enríquez los 65 años con pastas y pescados y descubrimos allí un nuevo oficio que contratan algunos profesionales cercanos a la tercera edad para ponerse a la altura de la tecnología de hoy: profesor de Ipad. Los expertos en esa especialidad les enseñan a los legos en tabletas como mandar mails, bajar páginas y traficar imágenes y música. Insólita especialidad cuando esos ingenios ya ni traen manual del usuario por lo simples que son. Como diría el romántico Larra «Modos de vivir que no dan para vivir» (título de su más famoso artículo de costumbres. En la serie de los cumpleaños agregamos el del dirigente de Boca Juniors y empresario farmacéutico Marcelo London, que invitó a una larga mesa en Iñaki en la que se participaron, entre otros, el presidente de esa casaca Daniel Angelici, el secretario (y exdiputado radical) César Martucci y un intruso en una mesa de esos colores, el exdiputado y candidato a senador nacional por Capital Rafael Pascual, que es fanático de Huracán, pero se permite concesiones como la de ir a cumpleaños de amigos y correligionarios.

Final con música, y no artes plásticas como es habitual. La hubo en Washington, adonde el embajador Jorge Argüello agasajó a la soprano argentina Verónica Cangemi, que viaja por el mundo además como embajadora del vino, cargo que les dio a ella, a Julio Boca y a Gustavo Santaolalla, el Gobierno de Mendoza. Cangemi interpreta estos días el papel de Zerlina en la ópera de Mozart, «Don Giovanni», en el Kennedy Center de Washington junto a otro argentino, Juan Francisco Gatell, en el rol de Don Ottavio. De la recepción participó gran parte del elenco de la ópera, así como de la orquesta y staff del Kennedy Center y también el senador por San Juan Roberto Basualdo, hombre que ha sido del Peronismo Federal, que ha jugado con los Rodríguez Saá, pero nunca ha dejado de tener diálogo con el gobernador de su provincia, José Luis Gioja. En Buenos Aires, hombres del mercado financiero asistieron al Teatro Colon. Invitaba Federico Sturzenegger, presidente del Banco Ciudad a la función de «La Cenerentola», una ópera en dos actos con dirección de Sergio Renán, y Gino Bogani en el diseño del vestuario. En esta versión de la tradicional Cenicienta, la malvada madrastra es sustituida por un padrastro y la Cenicienta es descubierta por su brazalete y no por su zapato de cristal. Estaban, entre otros, Enrique Cristofani (Santander Río), Mario Quintana (Fondo Pegasus), María Eugenia Estenssoro (senadora ex Ari), Carlos Bernárdez (Las Marías), Augusto Darget (Silver Cloud), Guillermo Fiad (ex Duke Energy), Jorge Antúnez Vega (de la inmobiliaria homónima) junto a Marga Clavel. En el entreacto se dieron los comentarios más relevantes, con Venezuela como trending topic. Sturzenegger decía que había hablado con el economista venezolano Ricardo Hausman (ex BID) que trabajaba para Capriles y le señalaba que tenían leve ventaja. Sturzenegger aclaraba, con acierto como quedó demostrado el domingo, que no le creía demasiado. Luego los temas fueron más financieros, como la alta liquidez que tienen todos los bancos y el derrumbe del dólar marginal o «blue» por una sencilla razón: el BCRA está inyectando menos pesos en la plaza. Tras segundo acto, todos partieron veloces; la obra duraba tres horas y media, un precalentamiento para las maratones de Wagner que se vienen.

Vamos a terminar con un chiste médico:

Un abnegado marido regresa un sábado a la madrugada al hogar, después de haber departido largamente en un café con amigos. Al llegar, la esposa empieza a increparlo, a echarle en cara que eso ocurre cada siete días, y otros gritos habituales en la vida conyugal. El marido no dice nada y se acuesta a dormir. Por la mañana, la mujer vuelve con el tema y sigue así hasta el domingo por la noche, pero el marido continúa en silencio. El lunes por la mañana su esposa entra en pánico, pues el marido, a pesar de una nueva cantinela sigue impasible, por lo que lo lleva al médico.

Después de unos minutos, se asoma el facultativo y se produce el siguiente diálogo:

-Señora, su marido está enfermo.

-¡Dios mío! ¿Y qué tiene?

-Hipoacusia testicular.

-Pero...¿y eso qué es?

-Él oye perfectamente, sólo que le importa un huevo lo que usted le dice.