13 de noviembre 2009 - 00:00

Chávez convoca a los fantasmas que denuncia

Hugo Chávez
Hugo Chávez
Un poco tarde morigeró el presidente venezolano su discurso. La preocupación llegó hasta The Washington Post, que ayer editorializó con el título: «¿Es seguro ignorar la retórica belicista de Hugo Chávez?». El diario afirma que «pocos creen en la posibilidad de que Chávez inicie una guerra con Colombia, (pero) tampoco nadie creía» que Leopoldo Galtieri desataría una guerra con Gran Bretaña en 1982.

En agosto de este año, la Unión de Naciones Suramericanas (UNASUR) se reunió para tratar el tema del nuevo acuerdo firmado por Colombia y Estados Unidos, que habilita al segundo el uso de bases militares en el territorio del primero. En esa ocasión, el presidente del Perú, Alan García, describió «una paradoja: desde que existe la UNASUR, año 2004, hay más conflictos, desavenencias, adjetivos y enfrentamientos entre nuestros países».

Evo Morales, el presidente de Bolivia en campaña por la reelección, no midió sus palabras al llamar a «prepararnos frente a las implicancias de una invasión militar norteamericana». Y Chávez no se cansa de denunciar las intenciones belicistas de su par colombiano, Álvaro Uribe, al que critica por «abrir Colombia» a un país del cual él es un proveedor estratégico, como también se lo recordó Alan García en la citada reunión: «¿Para qué (los EE.UU.) van a dominar el petróleo si usted se lo vende todo a ellos?».

Consultado por Ámbito Financiero, Gerardo López Alonso, analista internacional y profesor de la Universidad Austral, afirma que no ve «en estos momentos a Estados Unidos con vocación de generar una acción militar en América Latina». «Tema aparte -aclara- es la efectividad de sus iniciativas antidroga, porque la cosa hasta puede estar peor que antes del Plan Colombia, pero la idea básica es reforzar a ese país frente al narco». Según él, el problema es que «no le está yendo bien a Chávez: se derrumbó el precio del petróleo a la mitad que cuando la renta alcanzaba y sobraba para pagar armamento; ahora ni siquiera alcanza para lo interno y, aunque no hay encuestas fiables sobre su popularidad, los indicios no son buenos para él».

En otro orden, dice López Alonso, «el fantasma de la guerra con Colombia no es nuevo, se agita cada tanto. Ahora el pretexto son las bases, como una forma de distraer, pero no es un conflicto auténtico. No lo veo a Uribe con ninguna intención de invadir Venezuela y, en todo caso, la relación de fuerzas es evidentemente favorable a Colombia, de ahí los intentos de Chávez de aliarse con Irán».

Preocupante

Y eso sí, cree él, «debe estar preocupando a Estados Unidos porque implica una penetración de Irán en la región -y cuando se habla de Irán, se habla de Hizbulá-. Según varias fuentes, aunque no está del todo confirmado, en la embajada de Teherán en Caracas la dotación es de 200 funcionarios, algo totalmente desproporcionado: evidentemente Irán tiene un plan de penetración en América Latina y la vía es Venezuela».

En febrero de 2009, el secretario de Defensa de Barack Obama, Robert Gates, decía: «Estoy preocupado por la intromisión iraní en la región, por su nivel de actividad francamente subversiva en varios lugares en América Latina».

«De todos los temas ése sí preocupa a Estados Unidos», reitera López Alonso. «Es su zona de influencia y Chávez apoya esa intromisión».

A la paradoja mencionada por Alan García habría que sumar por lo tanto otra: la inclinación de gobiernos de signo «antiimperialista» por desarrollar acciones -como Chávez con sus coqueteos iraníes- que casi son un llamado a la intervención. En febrero de 2008, Daniel Ortega, presidente nicaragüense y ex líder sandinista, convocó a la DEA, la agencia antidrogas de EE.UU., a un patrullaje conjunto de la zona del Pacífico en la cual tiene un diferendo fronterizo con Colombia... país al que acusa de abrirle la puerta de Sudamérica a Estados Unidos. Ningún bolivariano criticó a Ortega.

Pareciera como si, en momentos en que crece en Estados Unidos el clamor por retirar las tropas de Irak y Afganistán, desde aquí las estuvieran llamando, al generar un clima de discordia interna y de provocación por la vía de la búsqueda de aliados extracontinentales. Tarea que Chávez desarrolla con entusiasmo desde mucho antes de la firma del nuevo acuerdo militar entre Bogotá y Wa

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