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Chávez extrema populismo para asegurar la elección
Mientras sigue peleando contra un cáncer, Hugo Chávez deja claro que será él quien lidere al oficialismo en las elecciones del año que viene. Más que nunca, se muestra como un presidente en campaña permanente.
Un decreto presidencial ordenó adelantar para el 15 de noviembre el pago del aguinaldo (bonificación de fin de año, que en Venezuela es el equivalente a 90 días de sueldo). El beneficio, la «Chavidad» bolivarianísima, abarca a empleados públicos, jubilados y pensionados, cadetes, oficiales y retirados de la Fuerza Armada Nacional Bolivariana (FANB). Los economistas todavía no tienen cuantificada la erogación que significará para el Estado, pero sí, en cambio, ya tienen estimado que la administración bolivariana deberá dar vuelta el «chanchito» y destinar al menos u$s 700 millones para hacer frente a otro aumento, anunciado hace una semana atrás: el del 50% para los salarios de las Fuerzas Armadas.
Como era de esperar, fue un Hugo Chávez vestido de verde oliva de pies a cabeza y desde un podio montado en la Academia Militar de Caracas quien anunció, frente a un orden cerrado, la duplicación de los sueldos para los uniformados. Levantó críticas ese incremento: se dijo que Chávez, debilitado por el cáncer y ante la incertidumbre de su continuidad, buscaba solidificar la lealtad de las FF.AA. con un refuerzo salarial. Que ese incremento beneficiaba al «ala militarista» de su posible sucesión, liderada, se dice, por Diosdado Cabello. Y que mandaba a boxes a la facción «civil» encabezada por el actual vicepresidente, Elias Jaua.
En cambio, las razones serían de puro orden práctico: la Constitución venezolana permite que el sector castrense vote en elecciones. Con cerca de 155.000 efectivos bajo bandera y más de 750.000 reservistas, no hay mucho para agregar a este argumento electoralista. Chávez busca lealtad, pero sobre todo, votos.
De todas maneras, el incremento salarial otorgado por el presidente y comandante en jefe venezolano es retroactivo al 1 de septiembre y se agrega a los reajustes del 10% y del 15% aplicados en mayo y septiembre, respectivamente, al salario mínimo de los trabajadores venezolanos, paliativo para una inflación que supera el 28% este año.
El politólogo Alfredo Maldonado, editor de Analítica Venezuela, en conversación con Ámbito Financiero desde Caracas, resaltó que «las Fuerzas Armadas son de clase media y reaccionan siempre como tales». «La carrera militar», insiste, «además de ser un nivelador social para arriba, aburguesa al sector castrense: no importa si las Fuerzas Armadas Bolivarianas han sido proclamadas (por Chávez) como «antiimperialistas, revolucionarias y socialistas», aun así «reaccionan por derecha, como todas».
Ese cuidado por las FF.AA., que en el último año y medio recibieron dos importantes aumentos, el primero, del 40% y el reciente del 50%, ¿podría ser el reaseguro de Chávez frente a una posible pueblada -estilo Caracazo-, encendida en los barrios y conducida por los milicianos (paradójicamente armados y entrenados por el chavismo militante) en caso de que la economía se resquebrajase aún más y que el liderazgo chavista se terminara de desdibujar? Alfredo Maldonado no lo descarta.
En momentos en que en Venezuela se teje toda suerte de rumores acerca de la enfermedad y futuro del líder bolivariano, quizás las elecciones de octubre de 2012 tengan, por primera vez en 13 años, a otro protagonista electoral: la clase media. A una parte de ella, encarnada en la gran familia militar, está buscando tranquilizar el comandante. A ella se dirige, también, el discurso de los postulantes opositores reunidos hoy bajo el paraguas de la Mesa de Unidad. Mientras tanto, la enorme masa de los barrios pobres caraqueños incrementa, día a día, sus reclamos. El lunes, por caso, en las pancartas de protesta de los habitantes de Petare, que paralizaron uno de los accesos a Caracas, se podía leer: «¡No queremos más enviados: lo queremos a Ud., comandante Hugo Chávez!». ¿Podrá?


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