6 de marzo 2017 - 00:00

Clave para mercados: la Fed pide pista para subir tasa el 15

Janet Yellen
Janet Yellen
Urgente: la Fed pide pista para despegar con la tercera suba de tasas de interés y llevarla al rango 0,75%- 1% la semana próxima, el miércoles 15. Lo deslizó su titular, Janet Yellen, el viernes, pero no fue solamente ella. Una legión de funcionarios fogoneó la prédica alcista. He aquí sus nombres: Harker, Dudley, Williams, Bullard, Kaplan, Brainard, y Powell. ¿Es acaso una conspiración?, se le preguntó a Stanley Fisher, el mismo viernes, cuando era patente la insólita acumulación de pronunciamientos. "Si la hay, estoy a punto de unirme a ella", respondió el número dos de la institución. Y a continuación abogó por intervenir pronto. El mensaje no podía ser más contundente: la Fed está decidida a jalar ya del gatillo. ¿Y qué piensan los mercados? Que la amenaza va en serio. ¿No será el enésimo zafarrancho de combate que se imparte por altavoces y luego termina en nada? Que contesten los futuros de fed funds. ¿Qué probabilidad se asigna a un retoque de un cuarto de punto el próximo 15? Al cierre del viernes, el 80%. Una semana atrás, la respuesta no carreteaba más allá del 20%. Es el acuse de recibo.

¿Y por qué tanta premura?¿Será por la inflación que ya merodea -o en el caso, de los precios minoristas, excede- la meta del 2%? ¿O por la pujanza de la economía? ¿Quizás porque la misma combinación -de actividad en alza e inflación por arriba del 2%- se registra en Europa? ¿Tendrán que ver los planes fiscales del presidente? No, no y no. La economía ya está en zona de pleno empleo hace tiempo, la Fed alcanzó sus objetivos (James Bullard dixit), la propia suba de tasas es un proceso en curso, pero no se cruzó ningún Rubicón a mitad de semana que justifique la prisa. Y Yellen fue explícita, nada de lo dicho se vincula con la política fiscal de la nueva Administración (que sigue inmersa en un cono de incertidumbre). Pero tampoco, y es la verdadera sorpresa, hay voluntad de aguardar a que Trump revele la incógnita detrás de su "fenomenal (sic) reforma tributaria". 

¿Y entonces? ¿Qué sucedió esta semana que pudiera ponderarse como probable disparador? El Presidente Trump se dirigió a la nación, y sorprendió con un discurso deliberadamente conciliador. Se teme siempre su incontinencia verbal, pero no abandonó nunca el tono mesurado. Ya dijimos aquí que la moderación es el negocio de Trump. Si él se calma, las expectativas favorables se exacerban solas. Así sentó las bases del rally que lleva su nombre, tras imponerse en los comicios del 8 de noviembre, cuando saludó gentil y magnánimo a la nación, y a sus derrotados, y trocó el pesimismo de campaña de Wall Street en un ovillo de confianza que, tres meses después, todavía tiene hilo en el carretel. El Dow Jones remontó vuelo, entonces, cruzando la cima de los 18 mil puntos. Y esta semana revoloteó por sobre los 21 mil cuando el ogro presidencial utilizó el mismo recurso de pronunciar, ante un país en vilo, un mensaje de unión y armonía. Y conste que nadie sabe a ciencia cierta qué es lo que la Administración hará en concreto. ¿Estamos sugiriendo que la Fed reacciona así por el vértigo de la Bolsa? No. ¿Qué teme la efervescencia y un eventual descontrol? No debe ser el temor sino una mayor confianza lo que moviliza el apuro. ¿Confianza en qué (o en quién)? En la economía, seguro. En el vigor de la recuperación dentro y fuera de los EEUU. Y, nos parece clave, en el fenómeno Trump también. El entusiasmo bursátil y la actitud decidida del banco central, creemos, comparten las mismas raíces aunque sus propósitos diverjan. La Bolsa tiene su instinto, y de ordinario toma grandes riesgos. Puede mudar de opinión en una baldosa, y no le temblará el pulso ni abrigará remordimientos. A la Fed, un error de cálculo le resultaría fatal. La política le pasaría factura en términos de independencia. Es sensato, pues, esperar hasta que Trump muestre su juego. Si el ex Aprendiz diera un muy mal paso no es descabellado pensar en que haya que abortar el proceso de suba de tasas, y hasta girar en redondo, para acudir a socorrerlo (a él y al mundo) de un eventual descalabro. La agenda fiscal y de comercio que tiene en estudio es dinamita, y bien podría explotarle en las manos. Más aún, ¿cuánto valdrá el dólar si se inclina por el Impuesto Con Ajuste Fronterizo (BAT) de los diputados Brady y Ryan? Acelerar la suba de tasas, en ese caso, llevaría a arrepentirse después. Entonces, ¿qué pasó que la Fed, de repente, acorta la vigilia? ¿Qué sabe la Fed que nosotros no sabemos? Probablemente, lo mismo que intuyen los mercados que vuelan a ciegas cada vez más alto como si no existieran los peligros. En principio, que Trump no pateará el tablero del comercio, la preocupación número uno en el mundo. Que no volará por los aires el régimen de comercio internacional como hizo el secretario del Tesoro John Conally, en tiempos de Nixon, con el orden monetario de Bretton Woods. Entiéndase el punto, si los planes fiscales de Trump son exuberantes un ajuste anticipado en marzo sería un acierto. Es el Trump capaz de gatillar una destrucción masiva el que aconsejaría no apurar una restricción monetaria. Visto así, que la Fed se atreva a avanzar son buenas noticias. ¿La decisión ya está tomada? Dependerá del examen de estrés de las próximas 8 ruedas, de que no surja en el terreno alguna fisura insalvable que hoy no se advierte.

Dejá tu comentario