4 de diciembre 2009 - 00:00

Clima de cancha, con silbatinas e insultos

Lidia Pinky Satragno
Lidia Pinky Satragno
Gritos, silbatinas, insultos y hasta provocaciones de los diputados a las barras que coparon los palcos. Mientras en la calle más de dos mil invitados hacían una cuadra de cola para ingresar al Congreso, los pasillos de la Cámara de Diputados se convirtieron en un hervidero con militantes kirchneristas y opositores corriendo para asegurarse un asiento para presenciar la ceremonia de jura de los 127 nuevos diputados.

«Va a volver, va a volver, Néstor va a volver», gritaban los simpatizantes kirchneristas para calentar la previa de la sesión preparatoria que, hasta su inicio, no tuvo ni a un solo legislador oficialista en el recinto. Todo el bloque del Frente para la Victoria aguardó en las oficinas de la presidencia de la Cámara la llegada de Néstor Kirchner desde Olivos. El ex presidente ingresó por la calle Combate de los Pozos y fue recibido por el vocero mudo, Jesús Núñez, quien lo condujo hasta la puerta del despacho de Eduardo Fellner.

Abucheados

Hubo abucheos para Elisa Carrió, Francisco de Narváez y Felipe Solá, quien ingresó sonriente al recinto y respondió los insultos de la barra kirchnerista con ampulosos saludos. El diputado opositor más aplaudido fue Ricardo Alfonsín, cuyo apellido fue coreado para responder los cánticos oficialistas que asemejaron el recinto al estadio de La Bombonera.

La situación más insólita se produjo cuando intempestivamente Graciela Camaño -ver nota aparte- quiso dar inicio a la sesión preparatoria.

Tablero a oscuras

En ese momento, todos los ministros, gobernadores y funcionarios presentes en el recinto abandonaron en masa la Cámara y hasta se mandó a apagar el tablero electrónico. Resultó imposible entonces saber cuántos diputados había presentes y si se mantenía el quórum para la sesión. El tablero recién se encendió con la llegada de Kirchner y los demás diputados del Frente para la Victoria.

«Volveremos otra vez, volveremos a ser Gobierno como en el 83», era el canto del sector de radicales, en tanto que a Kirchner lo recibía: «Pingüino, pingüino, pingüino corazón, acá tenés los pibes que te canten del balcón».

«Es para mí un orgullo ocupar esta presidencia. Me gustaría que fuera más calma la sesión», fue el ruego de Pinky, mientras las barras del oficialismo en las gradas silbaban a la oposición y arrojaban papel picado sobre los legisladores.

Estupefactos, los trece dirigentes agropecuarios, la mayoría representante de las entidades del campo, observaban la escena desorientados.

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