Comentarios políticos del fin de semana

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- VAN DER KOOY, EDUARDO. Clarín. El monotema de los analistas políticos: la parálisis del Congreso. Que Aníbal Fernández discute con Nicole Neumann, que Amado Boudou parece más un comentarista mediático que un ministro de Economía. Después de un superficial embate contra el generalato kirchnerista, la columna se sumerge en la falta de quórum de Diputados y el Senado. Con alguna dosis de ingenuidad, el analista explica el fracaso de la sesión en la Cámara baja con un desperfecto técnico, al asegurar que el timbre que llama a los legisladores a trabajar no funcionaba en el edificio anexo, donde está la mayoría de los despachos.

En el Senado, Carlos Menem ya aparece abiertamente como un integrante más del bloque oficialista, el voto clave que desvela al Gobierno para frenar leyes indeseadas. La parálisis del Senado podría prolongarse al menos una semana más, siempre que el riojano siga fiel a la estrategia del kirchnerismo para frenar la coparticipación del impuesto al cheque.

En Diputados, la oposición sigue dividida. Ahora el peronismo disidente de Felipe Solá y Graciela Camaño quiere remover al oficialista Eduardo Fellner de la presidencia de la Cámara de Diputados. Le cuestionan su rigurosidad reglamentaria para levantar la sesión del miércoles pasado apenas transcurridos 45 minutos sin que se reuniera el quórum. La UCR se opone al plan de Solá y blinda a Fellner. La parálisis del Congreso es un negocio doble para la Casa Rosada: no sólo evita que la oposición se muestre activa y con agenda propia, sino que además mina los proyectos presidenciales de los candidatos anti-K que, en su mayoría, anidan en el Parlamento.

- MORALES SOLÁ, JOAQUÍN. La Nación. El columnista vuelve esta semana al tono solemne e indignado con la política argentina que ha cultivado a lo largo de los años, luego del lanzamiento sin red de la primicia desmentida sobre la renuncia de Carlos Reutemann a la lista de presindenciables de la semana pasada. Poco hay para destacar en una columna que se dedica a repetir una vez más las falencias que, según él cree, pertenecen al Gobierno y a la oposición.

La paralización del Congreso, la inflación, la imposibilidad de la oposición de articular una estrategia para imponer su agenda en el Poder Legislativo, las tácticas del oficialismo para frenar las sesiones y los números en descenso de los Kirchner en las en encuestas son los temas que recorre el periodista, como en tantas columnas de otros tantos domingos.

En este marco, hace hincapié en la supuesta utilización de los servicios de inteligencia por parte del Ejecutivo y el supuesto espionaje generalizado a «cualquier persona pública» que califica de «una especie de banalidad del mal, porque la barbaridad excepcional se convierte, por la persistente burocracia, en una práctica corriente».

El periodista señala que la oposición le ha dado un plazo hasta esta semana al presidente de la Cámara de Diputados, Eduardo Fellner, para que designe a los integrantes de la comisión parlamentaria bicameral a cargo del seguimiento de los servicios de Inteligencia, vacante desde diciembre pasado. En este punto asegura que si la conformación de la comisión se define con mayoría opositora, «los Kirchner se verían obligados a cuidar, por lo menos, las apariencias», haciendo evidente su escepticismo respecto de las posibilidades reales que tiene el Congreso para intervenir de manera activa en las políticas del Gobierno.

Luego de un breve repaso de los legisladores ausentes que impidieron sesionar en el Congreso las semanas pasadas -como los senadores Carlos Menem, Roxana Latorre, Carlos Verna y diputados del radicalismo, el centroizquierda y el PJ disidente-, el columnista recuerda una vez más que los números de los Kirchner no son buenos. Así, menciona dos encuestas y en ninguna de ellas el oficialismo tendría chances de ganar en segunda vuelta. Aquí también trae a colación otros números: los que Guillermo Moreno supuestamente recibe sobre el aumento del Índice de Precios para el Consumidor de clase media. La columna cierra así con la ya tradicional muestra de preocupación por un país que -según él mismo asegura- todas las semanas genera conflictos que andan por la calle «peligrosamente sueltos».

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