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Comentarios políticos del fin de semana
Osvaldo Papaleo
El periodista plantea un panorama en el que el conflicto de Papel Prensa está resuelto y el kirchnerismo pierde. Para el columnista, el planteo judicial está resuelto con las declaraciones que Isidoro Graiver y María Sol Graiver dieron ante un escribano -y que fueron publicadas por su diario y Clarín- cuando el fiscal especial de La Plata ni siquiera definió si va a impulsar la investigación de la venta de la empresa como supuesto delito de lesa humanidad.
La misma postura adopta para el proyecto de ley que el Gobierno envió al Congreso: el error de los Kirchner de apelar una vez más a una política de confrontación volvió a abroquelar, según el periodista, a una oposición que se había dispersado. Frente a esta forma de procesar los hechos de la última semana, el periodista no duda en concluir que «desde el final del peronismo setentista, en manos de Isabel Perón, no se veía en democracia una estirpe de oficialistas tan primitiva y cerril. El matrimonio presidencial había mejorado últimamente en las encuestas, pero la sociedad le reclamaba, al mismo tiempo, menos autoritarismo. Los Kirchner tienen el final escrito en el corto plazo de un año, porque siempre resultan derrotados en su combate contra ellos mismos».
Hay un solo pronóstico, en el medio de la columna, que introduce una panorama más complejo y que da un indicio de uno de los caminos que puede tomar este tema en
los próximos días: la sugerencia de que este ataque del Gobierno reactiva el debate sobre el financiamiento de Montoneros en los 70, así como de las fuerzas paramilitares del último Gobierno de Perón, como la Triple A.
VAN DER KOOY, EDUARDO. Clarín. El tema es Papel Prensa y el columnista se muestra sorprendido porque cree que las explicaciones del Gobierno deberían haber producido una crisis como en cualquier país del mundo con niveles políticos de normalidad. Arremete contra los Kirchner y Osvaldo Papaleo. En un sistema presidencialista, el mandatario -afirma- podría haberse colocado en las orillas de un juicio político. Acusa a los Kirchner de únicos constructores de toda la locura y el escándalo que, bajo la máscara de develar supuestos delitos de lesa humanidad, apuntó a resolver otra batalla contra los medios de comunicación.
El matrimonio pretendió apoderarse de la empresa Papel Prensa. El cerebro del libreto fue, sin dudas, Kirchner.
Un extra rutilante resultó -según el columnista- Osvaldo Papaleo, viejo peronista del tiempo de Isabel, «incapaz de cuestionar incluso a José López Rega y crítico del kirchnerismo que un día viró».
Cristina y Kirchner -dice- supusieron que las prepotencias de Moreno, «los twitter de Timerman» y «la desfachatez de Aníbal Fernández» eran suficientes para consumar la farsa. Ni siquiera parecieron funcionar con eficacia las redes de espionaje que el kirchnerismo despliega para acosar a políticos, empresarios y periodistas. Los Kirchner lograron, pese a todo, pisar el freno. ¿Es de verdad el papel de diarios un insumo tan vital? ¿Puede serlo en un tiempo en que la comunicación tiene formas mucho más diversificadas y poderosas?
Timerman viajó la semana anterior a Washington para informar los pasos que seguiría el Gobierno y recoger alguna solidaridad. La respuesta fue -según Van der Kooy- un sogazo: Vilma Martínez, la embajadora en Buenos Aires, decidió no asistir al acto en la Rosada después de recibir un llamado desde el Departamento de Estado. Un portavoz de esa misma oficina, por primera vez en los ocho años de kirchnerismo, hizo público el interés de EE.UU. por el destino de la libertad de prensa en nuestro país. Los Kirchner parecieran resueltos a separar a su Gobierno del mundo. Timerman replicó a Washington que la libertad de prensa escasea en EE.UU., donde habría periodistas detenidos. Varios empresarios recibieron aprietes feos para concurrir al fasto de Cristina.
Hay en el país -concluye el columnista- un clima político y social de incertidumbre que crece. La incertidumbre por descubrir cuánto daño más del que ya han hecho -se pregunta el periodista- serán capaces de causar aún los Kirchner.


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