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Como un cuento de terror, pero real
«El secreto de Mussolini» es un impresionante documental con la atroz historia de cómo Benito Mussolini mandó al manicomio a su propio hijo natural, y a la madre de éste, y ahí los dejó morir.
Este documental, presentado por su autor, Fabrizio Laurenti, el año pasado en una muestra de cine italiano, es el que inspiró a Marco Bellocchio para hacer «Vincere», la historia de cómo Benito Mussolini mandó al loquero a su propio hijo natural, y a la madre de éste, y ahí los dejó morir. La versión dramatizada con actores es debidamente fuerte y estremecedora, acá quizás se estrene dentro de poco, pero el documental que ahora vemos también estremece, y mucho. No sólo la historia resulta impresionante. Lo más fuerte es ver los rostros, ya ancianos, de quienes prestan testimonio ante la cámara, sacando a luz eso que muchos sabían en secreto, pero nadie mencionaba en público.
Así vemos sobre todo a la sobrina de aquella malograda mujer, a los vecinos, la compañera de escuela, y, particularmente, el amigo y compañero de armas que debía cuidar al muchacho, y lo cuidó hasta donde pudo. Rápidamente alguien puede decir que se la buscaron. Hubo otras mujeres que tuvieron un hijo natural con el Duce, y se callaron a cambio de subsidios. Pero Ida Dalser, que así se llamaba, fue su mujer cuando él era solo un joven socialista, que luego la traicionó pasándose a la derecha, casándose con otra, y tratando de callarla, primero con dinero y luego con esbirros (el problema es que ella sabía muchas cosas de aquella juventud, y hasta podía probar que en cierta época el joven Mussolini trabajó para Inglaterra).
Curiosamente, el muchacho creció orgulloso de su padre, se enroló por él en la Marina de Guerra, y lo amaba, aunque sólo pudo conocer al hermano del Duce. Hasta que este hermano fue reemplazado por médicos y enfermeros. Ya estaba mal, y en aquellos tiempos nadie pensaba en curaciones. Lo peor, sin embargo, es que a la mujer la internaron sana. Murió en un hospicio que estaba en una isla a prueba de fugas, como esos de las películas de terror. Paradójicamente, hoy ese edificio ha sido refaccionado y es un hotel de lujo.
¿Una fantasía armada con falsos testimonios? Esos rostros no mienten, y tampoco mienten los registros del hospicio, a los que la sobrina tiene acceso delante de las cámaras. Pero la historia es tan espantosa, que realmente parece de terror. Y así la creyó el propio director, Fabrizio Laurenti, habitual autor de películas de miedo, hasta que se juntó con el periodista Gianfranco Norelli, fueron al pueblo donde circulaba la historia, empezaron a grabar a los vecinos, y terminaron confirmando que también en este caso, como suele ocurrir, la realidad supera a la ficción. Impresionante.
P.S.


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