10 de noviembre 2009 - 00:00

Con bajas, Kirchner alinea al PJ detrás de ‘‘jura’’ simbólica

Néstor Kirchner, Daniel Scioli, Florencio Randazzo
Néstor Kirchner, Daniel Scioli, Florencio Randazzo
Un año y medio después de la última cumbre partidaria, y a menos de cinco meses de la renuncia «indeclinable» de Néstor Kirchner, el PJ se despabilará por un rato, este atardecer en La Plata, para un show personalista y tribunero que tendrá un indeleble sello K.

De arrebato, entre una urgencia curiosa y el revelador temor por las bravuconadas de Eduardo Duhalde, el Consejo del PJ nacional, con al menos quince ausentes sobre sus más de 70 miembros, se reunirá para montar el besamanos para un jefe ausente.

Encontró, al final, una excusa, Florencio Randazzo les contará a gobernadores, sindicalistas, diputados y demás delegados, la reforma política K que bordea, sin tocar, lo esencial para el peronismo: el que manda, en el partido, adopta a su antojo las reglas.

Autonomía

El texto -que el jueves dará el primer paso en Diputados- preserva la autonomía de los partidos para imponer, más allá de la primaria abierta, su propio criterio. Garantizar eso, según José Luis Gioja, fue lo que movió a Kirchner a activar su operativo regreso.

El Consejo del PJ, hoy a las 18, en la residencia de Daniel Scioli, apenas si cumplirá el formalismo de escuchar al ministro del Interior. Lo esencial de la cumbre estará en el capítulo referido a la renuncia que Kirchner presentó el 29 de junio, por TV.

Dos renuncias, la de Mario Das Neves y Jorge Busti, y más de diez ausencias, de Alberto Fernández a Carlos Lole Reutemann, de Graciela Camaño a Sergio Massa y Felipe Solá. El vacío, de todos modos, será más contundente respecto a los nombres que al volumen.

Anoche, sin embargo, la Casa Rosada parecía garantizar lo que más le importaba en este trance: el mayor número de gobernadores del PJ. Además de Scioli, anfitrión y convocante, anotaron a Gioja, Jorge Capitanich (Chaco), Sergio Urribarri (Entre Ríos) y, entre otros, Juan Manuel Urtubey (Salta).

La lógica es simple: la reforma política cede a los partidos que dispongan el mecanismo para que estos autoricen candidaturas internas.

El PJ, en 2008, fijó una norma que ahora adquiere un valor capital: cualquiera que quiera competir para capitanear el partido debe contar con el aval de al menos tres filiales provinciales del peronismo. Es decir: como mínimo, tres gobernadores.

El desfile de caciques provinciales, con algunas ausencias como la de Daniel Peralta de Santa Cruz -que compensa la presencia de Urtubey, que viene con posturas críticas respecto a los K-, le permite a Kirchner presumir que cierra eventuales futuras fugas.

El mapeo que anoche se hacía entre la Casa Rosada y Olivos respecto a la asistencia de hoy computaba que el frente gremial, con Hugo Moyano, Andrés Rodríguez, Antonio Caló y Gerardo Martínez presentes, se mantendrá ordenado detrás del esquema K.

Lo mismo con los gobernadores -faltaría Oscar Jorge, de La Pampa, pero estaría Beatriz Rojkes, esposa del tucumano José Alperovich- y con los mandos del conurbano profundo: de Alberto Balestrini a Mario Ishii o Julio Pereyra, más allá de los matices entre sí.

Es, en ese punto, un detalle si se rechaza o no se trata la renuncia presentada por Kirchner. También lo es, más allá de lo formal, si luego el ex presidente decide reasumir en el PJ. El objetivo, esta tarde, estará cumplido: el partido, cada vez más chico, otra vez detrás del patagónico.

Asesores

El costo de esa maniobra, que se produce en el momento más inoportuno, cuando se propone la reforma política, se computará a la cuenta de Kirchner. «Lo asesora el enemigo: todo lo que arma le hace daño», se descargó, ayer, Alberto Fernández cuando un dirigente lo llamó para invitarlo a La Plata.

El ex jefe de Gabinete, cada vez más distante de los Kirchner, avisó que no pero aclaró que tampoco piensa renunciar al partido porque no quiere terminar en el pelotón de los anti-K que anoche anotaban ausentes: entre ellos a Jorge Obeid, Carlos Verna y Juan Carlos Romero, entre otros.

La ceremonia tendrá una carga especial para Scioli: el 29 de junio tomó a su cargo el PJ que le «tiró» Kirchner quien pidió, además, que lo ayuden a ordenar el partido. Esta tarde, completará el proceso de realineamiento extremo que encaró cuando le pidió la renuncia a Emilio Monzó.

Esos giros: en estos días, el ex ministro sciolista estrenará oficinas de Unión-PRO, entre Mauricio Macri y Francisco de Narváez, en La Plata.

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