19 de enero 2009 - 00:00

Con guiño de Alfonsín, la UCR sueña una megafusión

Margarita Stolbizer
Margarita Stolbizer
A ocho años de su implosión, detonaba en 2001 con el fracaso de la Alianza, la UCR parece avanzar hacia una megafusión para reunificar bajo un mismo paraguas, cuya identificación es todavía imprecisa, a todos sus pedazos dispersos; el panradicalismo.
El ensayo general, y la apuesta más pretenciosa, es la legislativa de octubre en la provincia de Buenos Aires. Cruzados por recelos y prejuicios, las múltiples versiones radicales pos 2001 trabajan para confluir en un único esquema electoral.
Por encima, como gran titiritero, aparece Raúl Alfonsín. El ex presidente, desde su retiro activo, produjo acercamientos y bendijo pactos. Fue el único capaz de encantar a Elisa Carrió, Julio Cobos y Gerardo Morales. Alfonsín es, otra vez, el demiurgo radical.
Esa gestión tiene como pago y garantía a su hijo, Ricardo, que será candidato a diputado. Junto a la de Margarita Stolbizer, tope de la lista que enfrentará al FpV y -juntos o separados- a Felipe Solá, Francisco de Narváez y Jorge Macri, es la única postulación firme para octubre.
Más adelante, en la medida que avanza ese proceso que el grueso de los actores consideran inevitable, se discutirá sobre los lugares. Algo parece claro: Stolbizer respetará la inclusión de «Ricardito» así como hará lo imposible por relegarlo todo lo posible en la boleta.
Con eso, será el único sobreviviente de la generación intermedia, el trío áulico que escoltó a Alfonsín: ni Federico Storani ni Leopoldo Moreau irán en las listas. El platense empujará a Pedro Azcoiti; Moreau tiene un ojo en el cupo femenino.
Ese ensamble abarca a dos de los afluentes de la UCR. Por otra ventanilla, avanza el diálogo entre la Coalición Cívica que encarna Stolbizer y el cobismo que se expresa, no sin chispazos entre sí, a través de Daniel Katz, Mario Meoni y Héctor «Cachi» Gutiérrez.
Al alcalde de Junín se lo menciona como el candidato del cobismo en la megafusión entre la Coalición Cívica, Consenso Federal y la UCR, la oficial y la otra. Parece, a simple vista, una estrategia de los cobistas para poner una carta fuerte propia en la mesa.
En simultáneo, de la mano del titular de la UCR nacional, Gerardo Morales, se atrinchera Daniel Salvador, jefe del comité provincia, ladero histórico de Moreau, que ahora tributa al jujeño y expresa, siquiera institucionalmente, la versión oficial.
Salvador se imagina a sí mismo en el top ten de la boleta panradical de octubre. Tiene el soporte de Morales, pero en ese sector, o en el entorno del mismo, hay otra figura que tiene la consideración de Carrió y operó en silencio para acercar posiciones: Juan Manuel Casella.
«Vamos a terminar todos amontonados» afirmó, ayer, entre el lamento y el encanto un dirigente conocedor como pocos de los atajos de la UCR bonaerense. Sólo, en ese mapa, queda aislado un grupo: el que encabeza Gustavo Posse, hasta hace poco un radical K.
El intendente de San Isidro se ha movido, en los últimos tiempos, hacia la vereda del vecinalismo y en la UCR no detectan señales de interés por confluir en un armado conjunto. De todos modos, a su lado, hay quienes dan indicios de querer arrimarse.
El llamador para que viejos enemigos se reconcilien y acepten compartir una aventura electoral, es la presunción de un peronismo en retroceso, la proximidad -según su criterio- de un regreso a las elecciones con más del 20% de los votos y, sobre todo, un botín mayor: 2011.
Se parte de la premisa de una elección dividida en tercios: una porción del FpV, otra del peronismo disidente y una tercera para la fusión panradical.

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