11 de junio 2013 - 00:00

Con monumental Strauss sigue temporada del Colón

Una escena de la poco convencional puesta ideada por Andreas Homoki para “La mujer sin sombra”, de Richard Strauss, que no se cantaba en el Teatro Colón desde 1979, cuando la hizo Birgit Nilsson.
Una escena de la poco convencional puesta ideada por Andreas Homoki para “La mujer sin sombra”, de Richard Strauss, que no se cantaba en el Teatro Colón desde 1979, cuando la hizo Birgit Nilsson.
Con un horario adelantado en media hora respecto del habitual en sus funciones nocturnas (20 en vez de 20.30, en virtud de la duración de la obra), el Teatro Colón lleva nuevamente a escena desde esta noche "Die Frau ohne Schatten" ("La mujer sin sombra") monumental ópera de Richard Strauss con libreto de Hugo von Hoffmansthal, en una producción de la Nederlandse Opera. El reparto está encabezado por Stephen Gould, Manuela Uhl, Iris Vermillion, Jukka Rasilainen y Elena Pankratova y participan los coros Estable y de Niños del Colón. La dirección de escena es de Andreas Homoki y la dirección musical de Ira Levin, con quien dialogamos:

Periodista: ¿Cuál fue su primera aproximación a esta ópera?

Ira Levin: Hace 20 años: la dirigí en Bremen, Düsseldorf, Bonn... tengo mucha experiencia con ella pero siempre implica un desafío. Es una ópera monstruo no tanto por la extensión sino por su complejidad musical y orquestal. Hay muchos cambios de clima, de compás, ensambles grandes que la hacen difícil, mucho más que "Salomé o "Electra"

P.: ¿Cómo transcurrió el trabajo con la orquesta aquí?

I.L.: Trabajo muchísimo la dinámica. Muchas veces siento que en estas óperas, en las de Strauss, Wagner u otras de este período, no se presta suficiente atención a los matices... en muchas representaciones de "Electra" por ejemplo la dinámica va del mezzo-forte al fortíssimo, nunca menos. Incluso en Alemania eso implica un trabajo con orquestas que tocan muy frecuentemente estos títulos... me ha sucedido que me convoquen para dirigir sin ensayo, y evidentemente no se puede lograr en esas circunstancias la paleta que puedo lograr por ejemplo aquí. Hay un gran entendimiento con la Orquesta Estable del Colón; el año pasado dirigí aquí el "Edipo" de Enesco, que conlleva el mismo problema. En la "Octava sinfonía" de Mahler sucede algo similar, con sopranos y tenores que deben cantar un Do agudo pianissimo por dos horas... son cosas que están en la mente del compositor pero que son difíciles de llevar a la práctica.

P.: ¿De qué manera cambió su abordaje de esta ópera desde aquella primera vez?

I.L.: Creo que hay una manía ahora de dar títulos a gente muy joven, y no digo que no se necesite gente joven, pero a los 25 o 30 años no se puede tener la experiencia suficiente para abordar un título como éste. La experiencia le da a uno la posibilidad de relajarse y escuchar qué es realmente lo que pasa, hacer las correcciones a los instrumentos, etcétera. Mi gran maestro de dirección, Max Rudolf, hablaba siempre de que cuando uno está en el podio está inmerso en el sonido de la orquesta es muy difícil tener una idea del balance entre el foso y los cantantes, o incluso de escucharlos. Así uno tiene que aprender a leer los labios de los cantantes para ver si va junto con ellos o no.

P.: ¿Qué lugar ocupa esta ópera dentro de la producción de Strauss?

I.L.:
Él la consideraba su mejor ópera, aunque se puede decir que era una expresión de deseos porque no siempre la idea de los compositores coincide con la de la posteridad. Sí pienso que es la más compleja y ambiciosa. Y es sin dudas la última ópera en la que empuja el lenguaje musical a los mayores límites posibles, luego de eso iría en retirada con "Intermezzo", "Arabella", "Capriccio", obras increíblemente bellas y bien escritas pero más accesibles. En comparación con otras óperas de los años cercanos a su estreno, 1919, como las de Schreker, o "Palestrina" de Pfizner, "Doktor Faust" de Busoni, el mismo "Edipo" de Enesco, "La mujer sin sombra" parece más conservadora que las demás, pero es en cualquier caso una obra fascinante.

P.: La última vez que la obra se vio aquí (1979) la cantó Birgit Nilsson. ¿Qué puede adelantarnos sobre el elenco?

I.L.
: Ella fue una de esas cantantes irrepetibles. Cuando uno mira la tradición del Colón se impresiona por los directores y cantantes que brindaron esta ópera aquí, desde el estreno en 1949 con Erich Kleiber. Me hubiera encantado saber cómo fueron aquellas producciones. En las generaciones previas había otra manera de trabajar, menos vuelos, era un mundo menos vertiginoso. Es una ópera con un elenco muy difícil de reunir, pero el de esta producción es excelente.

Entrevista de Margarita Pollini

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