19 de julio 2011 - 00:00

Condemi: “No me interesa la ópera en versión museo”

José María Condemi, régisseur de «Simone Boccanegra»: «Hay que pensar cómo montaría hoy Verdi una ópera antes que quedar apegado a las viejas formas».
José María Condemi, régisseur de «Simone Boccanegra»: «Hay que pensar cómo montaría hoy Verdi una ópera antes que quedar apegado a las viejas formas».
Con 14 años de carrera en Estados Unidos, el joven director de escena José María Condemi regresa al Teatro Colón, de cuyo Instituto Superior de Arte egresó, para tomar las riendas de «Simone Boccanegra», la ópera de Giuseppe Verdi (estrenada con poco éxito en 1857 y revisada por el compositor y el libretista Arrigo Boito en 1881) que podrá verse a partir de esta noche. Al frente del doble elenco encabezado por Roberto Frontali/Omar Carrión, Ángela Marambio/Virginia Wagner, Konstantin Gorny/Ernesto Morillo, Gustavo López Manzitti y Fabián Veloz se encuentran los directores Stefano Ranzani y Carlos Vieu. Dialogamos con Condemi.

Periodista: Su planteo escenográfico gira en torno al esqueleto de un barco. ¿Cuáles fueron las razones de esa elección?

José María Condemi: Hay tantas circunstancias históricas cruciales para que el argumento tenga sentido que si uno no sabe mucho de historia italiana se puede perder. Me interesó mostrar la dimensión humana de la ópera, que gira en torno a un hombre con mucho poder, Simone, que en la ópera es un líder muy humanista intentando conciliar los distintos grupos en oposición, la guerra fratricida. El poderío marítimo es muy importante. Simone fue el primer dogo de Genova, y su elección fue apoyada por el pueblo, entre otras causas por haber liberado la costa de los piratas africanos. Quise que hubiera un elemento náutico importante: en el prólogo busqué contar la historia de ese poderío a través de una imagen con mucha fuerza que reflejara un mundo de posibilidades. En el primer acto, que transcurre 25 años después, el ideal y el sueño de liderazgo ya están socavados, él se encuentra en una situación muy difícil, con traiciones, y encontré la metáfora del naufragio en esta escenografía, una versión decaída y a la vez lo que podría haber sido. Hay un elemento nostálgico, triste y al mismo tiempo fosilizado. También quisimos introducir junto a la escenógrafa Cameron Anderson un elemento maleable, en este caso un material espejado y flexible, que remite a la realidad distorsionada, como en el aria de Maria o la escena de la agonía de Simone. No me interesaba hacer una puesta de museo. El vestuario es de época, lo que genera un diálogo entre el momento histórico y un entorno metafórico.

P.: ¿En qué medida apeló a las fuentes literarias?

J.M.C.: Uno siempre recurre a las fuentes literarias y termina dándose cuenta de que lo que Verdi buscaba era contar las historias de la manera más impactante. Poner en escena los hechos no siempre es la mejor manera de aclarar lo que ocurre: a veces hay que ir por el gran gesto de ese momento. También pienso en qué hubiera hecho Verdi si viniera hoy al Teatro Colón.

P.: ¿Cómo encara el trabajo actoral?

J.M.C.: Ambos elencos tienen excelentes cantantes-actores. Roberto Frontali ha cantado el papel en todo el mundo, y estuvo abierto a mis ideas y a relacionarse con los otros artistas, hemos trabajado volviendo a descubrir el material, y eso es lo que a mí me interesa. El proceso es lo que más disfruto. Es un honor trabajar con cantantes de este nivel. El corazón de esta ópera son las escenas íntimas, como en «Don Carlos», «Ballo in maschera» o «Aida». Soy fanático de Verdi, porque creo que después de «Traviata» no tenía necesidad de cambiar su estilo, y sin embargo siguió buscando, explorando, y admiro eso en un artista. Cada vez que escucho «Falstaff» no puedo evitar pensar qué habría pasado si hubiera vivido 10 años más.

Entrevista de Margarita Pollini

Dejá tu comentario