- ámbito
- Edición Impresa
Cristina, fugaz y callada ante expediente Córdoba
Cristina de Kirchner le tomó juramento en Casa Rosada a María Cecilia Rodríguez, que asumió en lugar de Arturo Puricelli en el Ministerio de Seguridad, donde, como “vice con atributos”, continuará Berni.
Aunque la letra chica puede tener bemoles y tachas, De la Sota publicitó como un triunfo una concesión a los acuartelados para llevar el sueldo promedio de 6 a 9 mil pesos y 12 mil "de bolsillo" con adicionales. Salvo los efectivos de la Policía Metropolitana, que además tienen un régimen horario diferente -trabajan turnos de 8 horas en vez de 24 horas seguidas como los demás-, ninguna fuerza de seguridad del país equipara la escala salarial que ayer rubricó De la Sota (ver Ámbito Nacional).
Es la carpeta tórrida con la que se hace cargo de Seguridad, en reemplazo de Arturo Puricelli, María Cecilia Rodríguez, a quien ayer, distante y sin referencias al caos que sacudió Córdoba, le tomó juramente la Presidente.
Rodríguez, sin currícula en política criminal, desembarca con la protección de Sergio Berni y se topa con un expediente espinoso. En 2012, el Gobierno nacional lidió con prefectos y gendarmes que se amotinaron por una rebaja salarial que fijó Nilda Garré.
La concesión de De la Sota se derrama en todos los frentes. La demanda policial, con mayor o menor organización, se repite en casi todo el país. En la provincia de Buenos Aires, entre fines de los 90 y principios de la década pasada, los "sin gorra" fueron un actor de peso.
Anoche, en Olavarría, un grupo de efectivos de la Policía Bonaerense protestó por la detención de un compañero. ¿Hubiese ocurrido sin el registro fresco del caso cordobés? Es contrafáctico pero, como expresión de rebeldía, refleja un clima diferente. Cerca de Berni, anoche ponían el foco sobre el tema salarial y el impacto que la "victoria" de la Policía cordobesa puede tener en otras fuerzas. El caso cordobés detona, en simultáneo, el temor al efecto contagio (ver aparte).
Jorge Capitanich enfrentó, a su vez, el primer terremoto desde que es jefe de Gabinete. Su perfil dialoguista sucumbió ante el estilo clásico del kirchnerismo: la cerrazón ante un rival político, el tan pingüino golpe por golpe. Había, anoche, chispazos de autocrítica sobre cómo se administró la situación con el Gobierno cordobés.


Dejá tu comentario