26 de mayo 2011 - 00:00

Cristina no oculta que sigue: consintió “clamor” en Chaco

Cristina de Kirchner ayer en campaña en el Chaco, rodeada por Sergio Urribarri, Eduardo Fellner, Jorge Capitanich, José Pampuro y Daniel Scioli. En la segunda fila, entre otros, Eduardo Luis Duhalde, Juan Manuel Abal Medina y los «carteros» Ricardo Forster y Jaime Sorín (punteros de Carta Abierta).
Cristina de Kirchner ayer en campaña en el Chaco, rodeada por Sergio Urribarri, Eduardo Fellner, Jorge Capitanich, José Pampuro y Daniel Scioli. En la segunda fila, entre otros, Eduardo Luis Duhalde, Juan Manuel Abal Medina y los «carteros» Ricardo Forster y Jaime Sorín (punteros de Carta Abierta).
Era el festejo por los 201 años, pero Cristina de Kirchner se abrazó a otra celebración: los 8 años de poder K. En el Chaco, reconfiguró el show que cerró el año del Bicentenario, como el recuerdo de la jura, el 25 de mayo de 2003, de Néstor Kirchner, su esposo muerto.

El episodio histórico, que rescata al primer Gobierno patrio, germen de la independencia de 1816, quedó relegado: tras el raid protocolar tedeum-desfile, la Presidente conectó la cadena nacional para un discurso que enfocó la intensidad en el homenaje a su marido.

Gambeteó, como había anticipado a su entorno, toda referencia explícita a su destino político. Los bullicios sobre una mención puntual a su reelección se desintegraron rápido. «¿Para qué anunciar una candidatura obvia?», se ufanó, ayer, un funcionario K.

Sin embargo, en una frontera incierta entre el llanto contenido y las lágrimas, reorientó el tono y objeto de los festejos hacia la figura, venerada como mártir por los K, de Kirchner. Lo evocó, en primera persona, en tiempo presente, como Sarmiento al Facundo.

«Debo decirte, Néstor, que ese sueño que tenías aquel 25 de mayo se hizo realidad», dijo, con la voz quebrada. «Estoy segura de que en algún lugar de la historia lo estás viendo; tenemos patria argentinos, estemos orgullosos de esta patria», retomó el plural.

De estricto luto, antes participó del tedeum del arzobispo de Resistencia, Fabriciano Sigampa. Aunque en el universo clerical ese riojano no simpatiza con las posturas de Jorge Bergoglio y Héctor Aguer, críticos ayer del Gobierno, había resistido la ley del matrimonio gay (ver pág. 13).

Encarna, además, el libreto ortodoxo respecto del aborto. En Casa Rosada, los días previos, hubo inquietud por el contenido de la homilía. El anfitrión, Jorge Capitanich, los tranquilizó. Las palabras de Sigampa ratificaron la calma que trasmitió el gobernador.

El elogio a la Asignación Universal, entre menciones a la condición de mujer de la Presidente, se destacó en ese menú. Aunque el arzobispo, montado en la normativa de la AUH para embarazadas -que la otorga a los tres meses de gestación-, traficó el libreto antiaborto.

El relato fundacional, con el eje en la asunción de Kirchner en 2003, tuvo un correlato simbólico en los invitados por la Casa Rosada a la celebración en el Chaco: además del gabinete -al que le ordenó no quedarse a ver el amistoso que Argentina le ganó a Paraguay 4 a 2- subió al avión a un puñado de legisladores y una larga lista de referentes de puro ADN K.

Fue escasa, por caso, la presencia sindical: sólo Julio Piumato. Es el segundo evento oficial al que falta Hugo Moyano. El anterior fue el anuncio del proyecto de trazabilidad de los medicamentos.

En tanto, el universo social aportó desde Luis DElía a «Quito» Aragón, de Oscar Laborde y a Juan Cruz Daffunchio. También exponentes de La Cámpora y candidatos como Agustín Rossi y gobernadores como Daniel Scioli, Gerardo Zamora (Santiago del Estero) y, entre otros, Sergio Urribarri (Entre Ríos).

Unas 45 mil personas, según la organización local, llenaron la plaza mientras que 25 mil asistieron, luego, al amistoso de la Selección nacional, en el estadio del club Sarmiento que preside Capitanich.

Ante ese tumulto, con un discurso breve y emotivo, la Presidente pidió respaldo para «construir un país diferente». Poética, dijo: «Sólo le pido a Dios una cosa: que me dé a mí y a todos los argentinos la fortaleza, la entereza, la grandeza, la humildad y la solidaridad que todos tenemos que tener para poder construir un país diferente, una sociedad diferente».

Ese pedido de respaldo futuro fue, como en cada ocasión que lo pronuncia, traducido como el indicio de que su reelección es -lo juran, a coro, en el kirchnerismo- irreversible. De todos modos la Presidente evita afirmar o negar expresamente esa posibilidad.

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