- ámbito
- Edición Impresa
Cristina sumó a senadores indecisos a la comitiva que llega a Nueva York
Rubén Rabanal (Enviado especial a los Estados Unidos)
La llegada del Tango 01 no dará tiempo para descansos. Poco después de instalarse en la suite de los pisos más altos del hotel Four Seasons, en la nada popular 57 th street, deberá partir al almuerzo que ofrece el secretario general de la ONU, Ban Ki Moon, a todos los presidentes que concurren a la Asamblea. La postergación del viaje no daba para más tiempo: esta noche Cristina de Kirchner tendrá en Nueva York su encuentro más esperado en la cena que ofrece Barack Obama en el Museo de Historia Natural a todos los mandatarios presentes. Es la velada imprescindible en toda esta gira y la única que la obligará a vestir de gala cumpliendo el protocolo que tanto les gusta a los estadounidenses para estos casos.
A ese encuentro sólo la acompañarán su esposo y Héctor Timerman; los demás deberán esperar en los hoteles lindantes al Four Season donde se hospedan, por ejemplo, Amado Boudou, los gobernadores de Entre Ríos, Sergio Urribarri, de Santiago del Estero, Gerardo Zamora, y las senadoras Roxana Latorre y la chaqueña Elena Corregido.
Cada pieza de ese armado tiene una explicación. Zamora es el último de los concertadores radicales que los Kirchner mantienen aún seducido y el único, además, que la UCR y el cobismo dan definitivamente por perdido para cualquier alianza futura. De ahí que la propia Presidente lo llamara para subirlo al avión.
Latorre y Corregido son imprescindibles ante el intento oficial de frenar en el Senado la votación del 82% móvil para los haberes previsionales. Qué mejor que Nueva York para explicarles los inconvenientes de ese proyecto de la oposición.
Los empresarios, que siempre la rodean en el Council of the Americas o en el propio hall de su hotel, no estarán ausentes este año. Pero para evitar disgustos habrá reunión reservada de la Presidente con ellos y no un almuerzo abierto donde las preguntas molestas generaron problemas en años anteriores. La lista de los presentes, muchos de los cuales aún no llegaron a Nueva York, se mantiene aún en armado.
Mañana a las 12.30 Cristina de Kirchner hablará ante la Asamblea de la ONU. No es el foro que más la fascina, prefiere foros y charlas con universitarios e intelectuales locales, pero desde que Néstor Kirchner denunció en esa misma sesión la falta de cooperación de Irán para entregar funcionarios de ese país acusados por la Justicia argentina en el atentado a la AMIA, el evento volvió a tener su importancia. Más cuando llegará rodeada de familiares de las víctimas que también fueron invitados por el Gobierno a esta ciudad. Aldo Donzis, presidente de la DAIA y Sergio Burstein, en representación de los familiares, estarán entre quienes la acompañen.
Esta vez habrá también un condimento extra en el mensaje: la Argentina quiere dar la sensación ante el mundo de cierto hartazgo diplomático por la falta de atención de Gran Bretaña para, al menos, sentarse a organizar una agenda de discusiones sobre la causa de las islas Malvinas. Con las petroleras ya operando en el área de la plataforma de las islas y la comprobación que a estos precios internacionales del crudo la operación en la zona es rentable, la protesta de este año por la apatía inglesa será superior a otros.
Seguirá luego un fin de semana relajado, a medida de Néstor Kirchner que tiene su agenda propia (ver nota aparte), y el martes el regalo final: la audiencia al mediodía en la Sala Ecosoc de la sede de las Naciones Unidas donde Cristina de Kirchner se llevará la presidencia del G-77 más China, cargo que ejecutivamente quedará a cargo de Jorge Argüello.
* Enviado Especial a EE.UU.


Dejá tu comentario