20 de octubre 2011 - 00:00

Cristina y Boudou en el escenario en cierre de campaña del kirchnerismo

En las últimas horas antes de las elecciones del domingo tomó algo de nervio la campaña electoral, un proceso que adelantaron las primarias del 14 de agosto y que le restaron la expectativa de comicios anteriores. El oficialismo se movió seguro de ganar en el ticket presidencial y limitó su proselitismo a actos de exaltación de la obra de gobierno, pero sin audacias que pudieran producir alguna perturbación en el público que ya mostró adhesiones a la fórmula Cristina de Kirchner-Amado Boudou. Eso se mostró en el cierre que hizo la Presidente en el teatro porteño Coliseo, rodeada de funcionarios, candidatos y gobernadores. Ayer cerraron en la Capital Federal Hermes Binner y Adolfo Rodríguez Saá. Hoy, antes de la veda que rige desde las 8 de mañana, cerrarán con actos y caravanas Ricardo Alfonsín, Eduardo Duhalde, Elisa Carrió y Jorge Altamira, que completan la lista de siete candidatos que irán a las urnas el domingo.

Cristina de Kirchner cerró ayer la campaña del oficialismo en el teatro Coliseo de la Capital Federal. Estuvo sola en el escenario junto a Amado Boudou y a participantes de los spots proselitistas. El resto, a la platea.
Cristina de Kirchner cerró ayer la campaña del oficialismo en el teatro Coliseo de la Capital Federal. Estuvo sola en el escenario junto a Amado Boudou y a participantes de los spots proselitistas. El resto, a la platea.
Sobre el escenario, visibles pero detrás de ella, los anónimos personajes emblema de lo que Cristina de Kirchner destaca como los méritos de la accidentada temporada K. Abajo, desplazados del cuadro de honor, casi como meros observadores, los dirigentes.

A 4 días de la elección, la Presidente eligió un montaje para su cierre de campaña -en el teatro Coliseo- que fue, más que sus palabras, su mensaje más poderoso. Traficó un claro simbolismo político: ella, detrás «el pueblo» y un nivel debajo de ella y de «el pueblo», la dirigencia.

El único que escapó de la razzia fue Amado Boudou, su compañero de fórmula, de traje y corbata en una tribuna de comunes. El ministro no tuvo, como en la previa de las primarias, acceso al micrófono, pero recibió, como compensación, un párrafo elogioso de Cristina.

La Presidente escenificó ayer un mandamiento de su marido: Kirchner quería despojar de cualquier intermediación su vínculo con la gente. Su esposa aplicó la consigna y la mostró por TV en un momento clave: su único acto de campaña, antes de una elección que ya ganó.

Una vez más, despegó su imagen del malón de caciques peronistas formado por gobernadores, ministros y dirigentes sindicales (entre ellos, Hugo Moyano, que asistió a pesar de los cruces de los últimos días) que se repartieron en las primeras filas, para -además- mostrarse rodeada por gente común. Una distancia que puede ser un indicio de lo que viene.

Repasó, de hecho, las historias de cada uno: mencionó al joven atleta Braian Toledo -único ausente porque está compitiendo en los Panamericanos de Guadalajara-, al dueño de la empresa Lumilagro, a la científica Cecilia Mendive y, entre otros, a Ariel Zylber, campeón olímpico de matemáticas, a quien llamó «geniecillo».

Las historias contadas por la Presidente consumieron la primera media hora del acto. El resto lo dedicó a su discurso. Al principio y al final, se concentró en sus hijos, sentados en la primera fila: primero cuando un coreo recordó a su marido; luego cuando se abrazó con Máximo y Florencia.

Unidades

El tono y el contenido fueron el de otros actos, al punto que anunció una baja de la desocupación al 7,2%. Desde Kirchner, se convirtió en una práctica habitual, que los anuncios estadísticos del INDEC no se hagan por vía orgánica del instituto sino -los buenos- por el/la Presidente.

«Ésta no es una lucha de imparciales. Yo no soy neutral. Siempre voy a estar del lado del combate contra la desigualdad», dijo en el tramo más aplaudido de la noche junto a sus palabras respecto de su marido muerto.

Sostuvo, en esa línea, que el legado de su esposo la obliga a «abrirse cada vez más, tender la mano e intentar superar las diferencias hablando, debatiendo», aunque condicionó ese llamado a la unidad con que «siempre va a ser con políticas de inclusión social y de defensa de los sectores más vulnerables».

Afirmó, además, estar dispuesta a «desarrollar todas las políticas que ayuden al crecimiento de 40 millones de argentinos».

Ese mismo argumento, con una convocatoria a «articular», usó para enviarles un mensaje a los dirigentes opositores para «trabajar por una Argentina diferente como punto de unidad para superar diferencias sin perder identidad» y les pidió acompañamiento en el Congreso «a las políticas que han ayudado a la redistribución social y a la generación de empleo».

Tuvo, además, un mensaje para la tropa propia. «Les pido a todos los hombres y mujeres que tiene responsabilidades institucionales y que se sienten identificados con este proyecto que dejemos de lado cuestiones menores, cosas que se publican y que tienen poco que ver con lo que está pasando. Les pido a todos mayor inteligencia», dijo.

Turbulencias

No se olvidó del contexto internacional. «Siempre había un plan salvador que fracasaba y que era reemplazado por otro plan que se hacía afuera y acá se ponía el sello y, en el Parlamento, los votos», disparó y agregó: «Estamos en un momento turbulento, en el que se están cayendo los íconos que afortunadamente no nos convencieron de que lo que estábamos haciendo estaba mal, que debíamos cambiar», y sostuvo que «la Argentina tiene una oportunidad histórica».

Asistieron, entre otros, Daniel Scioli, Juan Schiaretti, Walter Barrionuevo, José Luis Gioja, José Alperovich, Celso Jaque, Maurice Closs, Gerardo Zamora y Oscar Jorge.

También los ministros del gabinete en pleno, legisladores, funcionarios, el líder de la CTA oficialista, Hugo Yasky; la titular de Madres de Plaza de Mayo, Hebe de Bonafini, y la de Abuelas, Estela de Carlotto.

También intendentes: entre ellos Fernando Espinoza (La Matanza), Darío Díaz Pérez (Lanús) y Alejandro Granados (Ezeiza), y asistieron además los dirigentes de organizaciones sociales afines al Gobierno, como Luis DElía y Emilio Pérsico.

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