5 de enero 2009 - 00:00

¿Cuántas reservas hay? ¿Y la garantía a depósitos?

Escribe Agustín Monteverde Economista
Escribe Agustín Monteverde Economista
No es necesario extenderse sobre la importancia crucial que tiene el nivel de las reservas internacionales para mantener la estabilidad cambiaria y la gravedad de que se estuviera escondiendo la real situación al respecto. Durante mayo y junio, en diferentes informes advertimos la posibilidad de que se estuvieran inflando y a través de cuáles ítems. Esto fue posteriormente levantado por el departamento de research de un banco internacional, que actualizó con nuevos y alarmantes números aquellos
ítems y lo difundió en su reporte del 1 de octubre. Advirtió que la deuda contraída por el BCRA «con el BIS (Banco de Basilea) es de u$s 3.000 millones» y estimó la creciente posición en contratos de venta a futuro de dólares, «en el rango de u$s 12.000 millones, en un intento por contener la demanda de dólares sin mostrar la pérdida de reservas».
Un par de meses atrás, la diputada Nora Guinzburg y Ricardo López Murphy me pidieron colaboración, pues querían hacer una investigación oficial sobre la cuestión. El pedido de informes formulado por la diputada Guinzburg duerme el sueño de los justos en el Congreso, pero el BCRA -obligado por normas de derecho administrativo a responder dentro de plazos perentorios- respondió con fecha 28 de noviembre (ref. nº 420/08/2008) confusa y esquivamente la requisitoria, pero confirmando sí nuestras sospechas.
Como se puede ver en la copia de la respuesta oficial del BCRA, queda claro que -más allá del esfuerzo distractivo, refiriendo en forma sobreabundante a publicaciones que no responden a la requisitoria- las reservas internacionales están siendo infladas con préstamos, ventas a futuro y otras operaciones. No encontramos razones para omitir informar los saldos correspondientes a los ítems señalados, al menos con una nota al pie del informe semanal del BCRA.
Para completar el cuadro, el BCRA evitó respondernos sobre la composición actual del Fondo de Garantía de los Depósitos (para resarcir a los ahorristas en caso de caída de una entidad), sobre el cual subsisten graves sospechas.
La respuesta del BCRA respecto al BIS es inaudita. Coloca en el auxiliador -y no en el socorrido- necesidades supuesto pedido de confidencialidad. Esa insólita condición, el BCRA no la respalda con la transcripción de las cláusulas contractuales concretas al respecto. Pero acto seguido, quiebra el secreto e informa que es «sustancialmente inferior al monto por usted señalado» (¡!).
En cuanto a las ventas a futuro, la contestación es engañosa y elusiva, refiriendo al balance anual cuando lo que se le pidió es la información a fin de setiembre. Estas operaciones el Central suele hacerlas para enfriar el dólar. Si la cotización sube -como está ocurriendo- más de lo pactado, el Central deberá poner la diferencia, con la consiguiente emisión de pesos. Con esos pesos las contrapartes del BCRA saldrán a comprar los dólares en el mercado, lo que termina impactando finalmente en las reservas.
Otra posibilidad es que continúen confiando en el Central y renueven con otras operaciones de futuro hasta que -ante la bola de nieve creciente que significarán para el BCRA estas obligaciones- opten por cerrar riesgos y hacerse de las divisas.
Dado que el tipo de cambio de equilibrio es la relación entre la base monetaria y las reservas, el impacto monetario es el mismo, sea que se pierdan reservas o que se expanda la base monetaria.
Por último, el Central se desentiende de la garantía de los depósitos, lo que es inadmisible por su condición autoridad monetaria. El BCRA es accionista clase A y nombra al síndico de la sociedad de garantía de los depósitos (SEDESA). Las leyes y decretos que crearon y regulan a qué puede ser aplicado el fondo establecen que debe mantenerse en condiciones de máxima liquidez y seguridad. Sería conveniente que el BCRA desmienta o confirme si el fondo (que el mismo Central debe entregar en fideicomiso a SEDESA) habría sido absorbido silenciosamente por el BCRA (que, según sus balances, lleva perdidos unos $ 5.000 millones desde marzo), contabilizándose bajo las figuras de inversiones en Lebac y Nobac y préstamos o alquileres de T-bonds.

Reservas netas y tipo de cambio de equilibrio

En tiempos de desconfianza e incertidumbre, el BCRA debe desprenderse de reservas -o emitir pesos- para responder a los retiros de fondos absorbidos a través de Letras, notas y pases pasivos, con los cuales fondeó la compra de divisas (un 40% del stock de reservas). Esto es lo que ocurrió ya en la segunda mitad del año pasado, cuando se sintieron los primeros remezones de la crisis. Tampoco corresponde computar dentro de las reservas a las divisas recibidas como encaje de los depósitos en moneda extranjera, pues respaldan a esos depósitos bancarios y no a la masa monetaria en pesos.
En el último balance semanal, al 15 de diciembre, el BCRA informa reservas por u$s 45.906 millones. Los pasivos financieros (Letras, notas y posición neta de pases) y las cuentas corrientes en moneda extranjera sumaban a esa fecha $ 80.132 millones; expresado en dólares (según valuación TC del BCRA), 23.357 millones.
Las reservas netas deducidas esas obligaciones -pero incluyendo aún los fondos recibidos del BIS y las ventas a futuro- son entonces u$s 22.549 millones (45906 - 23357), lo que ya resulta inferior a la mitad de las reservas informadas por el BCRA.
En cuanto a las reservas recibidas del BIS y las ventas a futuro, a falta de información oficial debemos basarnos en estimaciones. A nuestro juicio, podría haber otros ítems oscuros para deducir, pero sobre estos dos hay seguridad, según lo que se desprende de la respuesta del BCRA.
La base monetaria (datos oficiales) al 15/12 era de $ 104.289 millones. Limitando el abultamiento vía BIS y el impacto de las ventas a futuro a sólo u$s 5.000 millones, el ratio base / reservas netas puede trepar hasta
$ 5,93 por dólar ($ 104.289 millones / u$s 17.549 millones).
Queda claro que en estas condiciones el respaldo de la base monetaria es muy pobre. Y sin considerar la obvia expansión por redescuentos que significaría una profundización de la huida del peso argentino. A esto añádase que el Gobierno modificó la ley orgánica del BCRA (a través de la Ley de Presupuesto) para poder echar mano de las reservas para cancelar obligaciones con el exterior.