Cueros: en su peor crisis, negocio recibe inversiones

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La cadena de la carne fue uno de los rubros más bastardeados por la crisis internacional y sus consecuencias sobre el consumo. Como nunca antes había ocurrido, el mercado de recuperos -cueros, sebo, grasa, que ayudan a conformar el precio del vacuno- mostró un retroceso en los precios de hasta un 90%.

En el negocio de la carne, el cuero es el principal subproducto de la faena bovina. En muchos casos se utiliza para compensar el costo del servicio de faena o bien se tiene muy en cuenta su valor para determinar el precio de la carne que los frigoríficos pagan al productor. Los cueros significan hoy entre el 60% y el 70% del valor del recupero, una parte importante de lo que los frigoríficos obtienen como parte de sus ingresos. Desde setiembre de 2008 hasta junio pasado se produjo un fenómeno, único, que tuvo origen en la coyuntura internacional: la crisis económica global que se desató en el último trimestre del año pasado impactó de lleno en la industria automotriz y del mueble, las mayores demandantes de cueros. Esto provocó una fuerte baja en los precios, en medio de la crisis, luego de un período de sobrevaluación a la par de la inflación alimentaria mundial. En la Argentina, el impacto fue mayúsculo y con variadas consecuencias.

Mercado

En octubre del año pasado, los análisis del mercado ya eran negativos con fuertes limitaciones en la operatoria del sector curtidor. Los operadores manifestaban que esa limitación repercutía fuertemente en la escasa actividad de los mercados referentes. Además, los tomadores de curtido no generaban órdenes y provocaban la caída del precio del producto. El mercado estaba paralizado y los precios, deprimidos.

Las dificultades económicas que provocaban retracción en Estados Unidos y en Europa repercutieron en los países productores. La Argentina no estuvo al margen, con una faena anual de 14,5 millones de cabezas (datos provisorios de 2008), es decir, con 14,5 millones de cueros por año.

Valor

Fue entonces cuando los frigoríficos comenzaron a no poder vender los cueros, y las curtiembres dejaron de comprar. El precio del cuero pasó de un valor promedio de $ 3,712 a principios de 2008 hasta $ 1,79 en noviembre del mismo año, registrando una baja del 49%. En mayo de este año, el promedio se centraba en 0,615 para el cuero salado, y acumulaba una baja del 83,4%.

Esta baja tan profunda comenzó a desestabilizar a algunas plantas de faena; otras, con más rápida reacción y capacidad de inversión, doblaron la apuesta. Uno de estos casos es el del grupo Mattievich, que opera con alta incidencia de los cueros en su negocio global. De hecho, su servicio de faena lo prestaba a cambio de la tenencia del cuero, operatoria ahora inviable frente a la depreciación del subproducto. Lo cierto es que el grupo santafesino, uno de los pocos que quedan de capital genuinamente argentino, invirtió en una planta de acondiciona-miento de cueros vacunos en Carcarañá, donde tiene dos frigoríficos.

Las nuevas instalaciones, según oportunos voceros de la empresa, les permiten guardar 180.000 cueros por más de un año, colocándolos en una solución salina sobresaturada. Esta inversión vislumbra una mirada optimista para el futuro.

Durante el pico de la crisis, es decir, frente a la más dura depresión sectorial, se calculaba que los frigoríficos mantenían 5 millones de cueros almacenados en galpones y en barracas alquiladas. Un hecho inédito, y que echa por tierra cualquier tipo de especulación sobre un mercado ya vapuleado.

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