La CGT dará hoy su primer paso visible hacia una reestructuración prevista para después de las elecciones de octubre. Sus principales referentes se reunirán esta tarde con gremialistas disidentes que no forman parte de su estructura, con el objetivo de sondear su eventual retorno bajo un nuevo esquema de conducción superador del actual triunvirato. Se trata, como adelantó este diario, de los movimientos defensivos de la central a partir de las amenazas del Gobierno de avanzar hacia una reforma de las leyes laborales y un recorte de poder de la dirigencia sindical.
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La cumbre se concretará esta tarde entre las "mesas chicas" de la CGT y del Movimiento de Acción Sindical Argentino (MASA), un sector que llegó a reunir más de 60 gremios y que no participó de la reunificación de agosto pasado. Los contactos para reintegrar ese sector los encabezó Héctor Daer, uno de los miembros del triunvirato de líderes y firme postulante a encabezar a solas la central una vez superado el trance electoral.
La importancia del encuentro, pautado para las 18 en la sede del gremio estatal UPCN, queda expuesta por los convocados: irán los miembros del triunvirato, Daer, Juan Carlos Schmid y Carlos Acuña; los "independientes" Andrés Rodríguez (dueño de casa), Gerardo Martínez y José Luis Lingeri, el mercantil Armando Cavalieri, el camionero Pablo Moyano y el metalúrgico Francisco Gutiérrez. Del MASA estarán sus líderes Omar Viviani y Sergio Sasia, así como Guillermo Moser (Luz y Fuerza).
Como parte del mismo proceso la semana pasada hubo una reunión más íntima de Daer con algunos dirigentes de la Corriente Federal, otro segmento crítico pero que a diferencia del MASA participó del Congreso de unidad del año pasado y se mantuvo dentro de la estructura de la CGT, aunque sin ocupar cargos en su Consejo Directivo.
En todos los sectores el diagnóstico es el mismo: la administración de Mauricio Macri tiene resuelto imponer modificaciones drásticas a la legislación laboral, siempre en función del resultado electoral de octubre, y eventualmente en la normativa que rige el funcionamiento de los gremios. Este último propósito se frustró en sus variados intentos a lo largo de la historia contemporánea, como la truncada "ley Mucci" durante el Gobierno de Raúl Alfonsín o la obligación de presentación de declaraciones juradas por parte de los dirigentes que intentó Patricia Bullrich en su gestión como ministra de Trabajo de Fernando de la Rúa.
No se trata sólo de amagues o intentos secretos: en varias apariciones públicas Macri denunció la existencia de "mafias" en el sindicalismo y la Justicia laboral. Además, el Ejecutivo tomó participación activa en las cuatro intervenciones (judiciales o administrativas) dispuestas sobre gremios nacionales, y desde el Gobierno no ocultan su interés en replicar en la Argentina una reforma laboral similar a la que se aprobó días atrás en Brasil.
Esa cadena modificó los planes de la CGT, que hasta hace pocos días pasaban por relanzar su triunvirato para darle sobrevida hasta 2020, su vigencia formal, luego de los golpes que significaron una movilización masiva aunque salpicada por incidentes y reproches, en marzo pasado, y un paro nacional contundente pero sin respuesta por parte del Gobierno, en abril.
Con sectores como el MASA los vínculos empezaron a reconstituirse el mes pasado en la ciudad suiza de Ginebra, adonde confluyeron dirigentes de ese sector con sus pares de la CGT para participar de la conferencia anual de la Organización Internacional del Trabajo. Allí hubo conversaciones distendidas entre Daer, Gerardo Martínez y Viviani, entre otros. La vocación unificadora llega hasta las 62 Organizaciones, el núcleo de sindicatos oficialistas que capitaneó hasta su muerte Gerónimo Venegas y que en la actualidad atraviesa un proceso de rediscusión de su orientación política.
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