Una curiosa estadística, utilizada a modo de instrumento de pronóstico, andaba dando vueltas hace unos años y en un tono bien fatalista, decía: que donde se construyen los «edificios más altos de mundo», allí se centrará el nuevo epicentro de una gran crisis. Nos vino a la memoria al estar repasando noticias chinas, una de las cuales se refería a esto. «Los obreros han comenzado a poner los cimientos del rascacielos más alto del mundo. En el distrito de Pudong. Un nombre todavía desconocido, pero que las autoridades chinas quieren -para 2020- colocar en el mapa de las finanzas, al mismo nivel que Wall Street, o las finanzas londinenses...». En tanto, los chinos no paran y tratan ahora de sacar partido de la explosión financiera en el mundo occidental. Sin entrar en el facilismo de criticar agriamente a la cúpula de los negocios en Estados Unidos, o en Europa, intentan seducir e importar los mejores talentos ejecutivos, que han rodado en esta crisis.
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China sabe que no está suficientemente preparada para darle un sólido esqueleto al crecimiento financiero descomunal que ha venido teniendo. Y en lugar de esperar por autóctonos que se preparen en el exterior, prefiere incorporar masivamente supuestos talentos que están quedando desocupados, en los principales centros financieros del mundo. En su concepción, resulta una política acertada, tal como hicieron -en otros campos- Estados Unidos y la Unión Soviética, al darles las mejores condiciones de trabajo y estada a los mejores científicos alemanes, tras la Segunda Guerra. Seguramente que las supervisiones estatales serán en China mucho más rígidas que las del mundo occidental. Pero, si saben separar lo útil y práctico, de lo peligroso y vacuo, seguramente que esa importación de «materia gris» les ahorrará muchos años de espera en el desarrollo.
Así como Obama se puso en recio, advirtiendo a las terminales automotrices que a cambio de ayuda estatal deberán echar o rebajar fuertemente los ingresos a sus principales ejecutivos, los chinos ofrecen trabajo a los muchos desocupados de los centros financieros. Un singular manejo de los recursos humanos, que promete ser de alto tránsito entre los países que ahora buscarán sus nuevas ubicaciones, en economía global que ha estallado. La búsqueda de ser como Wall Street delata a una China que va en procura de desplazar al eje financiero mundial y acelerar su ritmo.
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