Lo que viene aniquilando a los mercados bursátiles es lo que reviste una de sus mejores virtudes como inversión: la liquidez inmediata que ofrecen. Hoy uno tiene acciones; la situación se ha complicado. No hay acceso a un crédito inmediato y se acumulan ciertos compromisos. No se puede salir a vender un vehículo de un día para el otro. Ni, mucho menos, un inmueble, que podría tardar meses en éstas condiciones. ¿Qué debe estar pasando en todos los países del mundo frente a la sequía de la crisis?... Pues, salir de los papeles bursátiles y hacerse del efectivo en un par de días. Cada centímetro de gráfico en caída vertical, más la colaboración al pánico que realizan los medios de comunicación, agrega más desertores y activan el ingreso a la oferta de los que podrían tender todo el tiempo para esperar sin liquidar: pero no tienen acopio de paciencia. Ni, mucho menos, de presencia de ánimo para soportar que en casi todas las ruedas le informen que lo suyo de paga un poco menos. Lo demás es el simple esquema de «la bola de nieve», donde todos van rodando por la ladera y arrastran, incluso, a los que se querían mantener parados.
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Primero se intenta argumentar la decisión, tomando motivos racionales. Después, todo es cuestión de impulso. Y de mal humor moviendo la lengua, para dar la orden. Y a la mañana siguiente, otra vez los titulares sobre Bolsas: tipo de inversión que se da el placer de seguir siendo, por los siglos de los siglos, el instrumento de medición más sensible: y al que más trascendencia se le otorga. Es seguro que si Wall Street comenzara una suba, bien asentada y consecutiva, el estado de ánimo de la población iría cambiando, mucho más que por palabras de Obama o de Bernanke.
Se viene ahora viendo con asiduidad que a cada baja del Dow Jones las informaciones aplican la escala histórica. Y entonces, que primero se sitúa como hace 12 años. Que después, estará como a 15 años... y así. No tiene valor práctico, pero impresiona e incentiva el miedo. En todo caso, resultaría más leal dar otro paralelo y tratar de demostrar si las empresas que emitieron esas acciones: están como hace 12 años antes. No todo lo que baja es «barato», premisa que solemos recordarle al lector. Pero, tampoco todo balance con pérdidas es malo en sus otras condiciones básicas. Bernanke no sabe más que pedir «agresividad» en medidas al Congreso. La Bolsa capta eso, lo traduce en números y fija lo que sucede. El medidor que todos miran.
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