Un viejo refrán bien define que «cuando sube la marea, se elevan todos los botes...». Y más que una aparente obviedad, retrata lo que ahora se está viendo en la economía del mundo. Cuando las aguas del mercado -del que ahora todos se quejan- aportaron la marea de beneficios, todos los «botes» subieron. Los grandes, los chicos, los sólidos, los oportunistas, los que eran de buena madera. Y los que no. Pero, al bajar nuevamente las aguas generadoras de prosperidad, nuevamente van asumiendo su posición histórica. Y ahora surgió el alerta, con el Banco Mundial estimando que los llamados «emergentes» llegarían a necesitar hasta u$s 700.000 millones para hacer frente a una crisis que se prolongue. Y lo peor no sería eso, sino que en el caso de la hipótesis de máxima suma los organismos multilaterales no están en condiciones de financiarlos.
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En tanto, los países «ricos» siguen lidiando con un escenario para el que no estaban bien preparados. Buscando la receta mágica que les otorgue la solución. Mientras que prominentes figuras continúan con las visiones contrapuestas y, en el mismo día, se dieron a conocer opiniones de McCain y de Roubini. El primero, reciente candidato perdedor a la presidencia de Estados Unidos. El segundo, que sigue gozando de las mieles de la chapa que le colocan ante cada comentario suyo («el gurú que predijo la crisis financiera...»).
Pues, que el político propuso que directamente se deje caer a los bancos en problemas, aunque sean grandes. Y el economista estrella asegura que entre las medidas apropiadas debe estar «la nacionalización de los bancos insolventes, su saneamiento y posterior reventa a inversores interesados». Dos opiniones y propuestas extremas, totalmente enfrentadas y que delatan en qué grado de indefensión se halla el mundo, donde no se pueden obtener consensos acerca de cuáles son los pasos acertados a seguir.
Y frente a esto, que resulta el paraguas que cubre las economías, quién puede pretender que los índices del mercado marquen otra cosa que no sea lo que se puede ver a diario, y producto del gran desconcierto que traen propuestas y remedios tan opuestos como los descriptos. En nuestro vecindario, hasta el Presidente de Brasil echó la vista bien atrás y aconsejó extraer medidas propuestas por Marx y compañía (aunque no aportó ejemplos de dónde las mismas hayan funcionado bien).
Por momentos, da la impresión de que algunos personajes que gozan de poder, o de fama, han «volcado» en la crisis.
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