- ámbito
- Edición Impresa
Cupones bursátiles
Por lo tanto, resulta muy difícil de explicar -con argumentos clásicos- lo hecho por un índice, a favor, como el otro en contra. Y en medio de ello, aparece nuestro conjunto de indicadores, sacando un modesto porcentual -el 2% escaso- en su versión principal, pero que duplica al tratarse de otros índices adicionales. Uno de ellos, el de Bolsa -nivel general- comprende a todas las especies cotizantes. Y en su rendimiento se advierte lo que fue noticia muchas veces en enero: la búsqueda del papel «mediano o chico» (juzgado no desde sus méritos conjuntos, sino solo por su ratio de liquidez operativo) que se supo evidenciar en ruedas donde el Merval caía, pero las diferencias de la fecha arrojaban bastante más alzas que bajas. Un aspecto que deberá vigilarse en febrero es el que se desprende. Si no existe ya un «cansancio» manifiesto -llamado madurez- en ciertas evoluciones de las «grandes» del mercado, que están convocando a venderlas para tomar otras posiciones. Y esto viene vinculado también a la baja de poder de negocios en nuestro recinto, más que por culpas del verano en nuestro medio, por una merma en lo que llega desde afuera. Hecho que también merece verse, en el día por día de ahora, por si la señal cobra cuerpo y advierte sobre tener que alimentar a nuestro sistema, con menores energías de órdenes.
Sin certezas
Establecer un probable curso de febrero tiene la misma fiabilidad que un «horóscopo» bursátil. Tan liviano es todo, en cuanto a conseguir señales positivas para trepar, o verse nuevamente con malas nuevas en todas partes, que el «gran tablero» del mercado de riesgo mundial es capaz de mostrar figuras tan contradictorias como lo visto: que se reiteren los movimientos que no representen, ni por asomo, aquello que dictan las economías que prestan -supuestamente- aval a esos índices.
El Dow Jones y el Bovespa fueron extremos grotescos de enero. (En nuestra humilde visión, claro.)


Dejá tu comentario