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Cupones bursátiles
Semanas antes, habíamos leído «por ahí» -en verdad, no lo recordamos- cierta estadística diciendo que las familias locales sólo utilizaban el 20 por ciento de ingresos para pagar créditos. Si se tiran líneas con Brasil, con tales porcentajes, en una política de desaliento al endeudamiento, resulta singular que aquí tengamos una tasa tan baja de dinero dedicado a cuotas. Pero, lo que de fondo debiera ser objeto de análisis es: ¿cómo se compadece que las economías -en general- se quieran guarecer de la inflación con tasas mucho más bajas que las nuestras, y aquí nos movemos tan sueltos de cuerpo sin hacer nada por evitarlo?
Y, de última, ¿dónde nos llevará esto a cierto plazo? Poder persistir sin traumas en un régimen de un 25 por ciento -mínimo- de inflación acumulativo anual, no figura -lo sentimos mucho, por funcionarios que lo avalan- en ningún libro ni teoría con rasgos de seriedad. (Si en alguno figura, por favor el lector que lo sepa hacernos llegar título de la obra y el autor).
Con todo esto, hacia dónde vamos: a que toda proyección, análisis, pronóstico que se haga sobre la sustentación de la tendencia bursátil, así como la salud de las empresas cotizantes, debe incluir aquello que es condición sólo temporal. Y que resulta la «dinamita» pura sobre los cimientos económicos. ¿Cuánto más durará? ¿Qué habrá de suceder a su término? ¿Cuál será la reacción? Hmmm.


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