23 de mayo 2011 - 00:00

Cupones bursátiles

El 64% de las familias brasileñas están endeudadas -reza un informe proveniente de San Pablo-, habiendo subido desde el 62% en que estaban en abril. Lo más curioso es que continúan tomando créditos, a pesar de las vallas restrictivas que colocó su Gobierno, sumamente preocupado para que no se incremente la inflación. Ya hay un 24% del total que paga sus compromisos con atraso y llegan al 8% los que -directamente- confiesan que no podrán pagarlos. ¿Por casa cómo andamos, sería la pregunta? Porque aquí, a la inversa que en Brasil, el «modelo» parece sustentarse con un incentivo permanente al consumo -tachada la palabra «ahorro», que pareciera ser un mal consejo- y la presión que se ejerce para fogonear todavía más el afán comprador natural se representa a diario de un montón de formas ( descuentos en toda la gama por usar tarjetas de crédito y la entrega indiscriminada de las mismas, con mínimas condiciones).

Semanas antes, habíamos leído «por ahí» -en verdad, no lo recordamos- cierta estadística diciendo que las familias locales sólo utilizaban el 20 por ciento de ingresos para pagar créditos. Si se tiran líneas con Brasil, con tales porcentajes, en una política de desaliento al endeudamiento, resulta singular que aquí tengamos una tasa tan baja de dinero dedicado a cuotas. Pero, lo que de fondo debiera ser objeto de análisis es: ¿cómo se compadece que las economías -en general- se quieran guarecer de la inflación con tasas mucho más bajas que las nuestras, y aquí nos movemos tan sueltos de cuerpo sin hacer nada por evitarlo?

Y, de última, ¿dónde nos llevará esto a cierto plazo? Poder persistir sin traumas en un régimen de un 25 por ciento -mínimo- de inflación acumulativo anual, no figura -lo sentimos mucho, por funcionarios que lo avalan- en ningún libro ni teoría con rasgos de seriedad. (Si en alguno figura, por favor el lector que lo sepa hacernos llegar título de la obra y el autor).

Con todo esto, hacia dónde vamos: a que toda proyección, análisis, pronóstico que se haga sobre la sustentación de la tendencia bursátil, así como la salud de las empresas cotizantes, debe incluir aquello que es condición sólo temporal. Y que resulta la «dinamita» pura sobre los cimientos económicos. ¿Cuánto más durará? ¿Qué habrá de suceder a su término? ¿Cuál será la reacción? Hmmm.

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