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Cupones bursátiles
Como si el escenario «comprador» se estuviera disfrazando de «vendedor» para, después, recoger el espinel y comprobar qué es lo que se ha pescado, en el río turbulento que se agitó con precisión. Esto nos recuerda una de las facetas más preciadas, del que llamamos «arte de operar». Los más avezados agentes que actuaban en el «viejo recinto» -en las plazas- cuando tenían que ejercer órdenes de importancia en una dirección hacían creer a las competencias que obraban en el sentido contrario. Si era posición «tomadora», ir acompañando la debilidad de la plaza y lanzando ciertas órdenes de venta, para después ir tomando cantidad, siempre hacia abajo, promediando.
Decididamente opuesto al simple «despacho» de órdenes -y la pérdida del arte operativo- que han traído consigo las terminales y la ausencia de las reuniones en «plaza», de cuerpo presente, disputando entre los participantes al unísono. Mención que hicimos, para que se pueda entender mejor aquello que pensamos -o mejor, sólo intuimos- puede estar sucediendo ahora. Con el agitar de un fantasma del «default» americano, en el que nadie cree dentro de la comunidad de negocios. (Y si se creyera, con alguna certeza, el gráfico del Dow tendría que haber caído vertical, a pique).
Al estar asociado con las vueltas que dan en Europa se formó un apropiado río revuelto para los grandes pescadores. Y es muy probable que saquen partido de una novedad, que debería estar «descontada» para producir una reacción ostensible. Yendo hacia un lado, haciendo creer que vamos hacia el otro...
Todo, claro, dentro de lo que puede ser un juego corto porque los problemas reales, de fondo, no serán solucionados con un acuerdo sobre tema puntual. Y las rajaduras de las paredes de la «eurozona» menos todavía se van a restaurar porque aparezca la señora Clinton hablando de «quimioterapias» (con la desaconsejable imagen, de adosarlo al «cáncer» de la economía europea). Habrá que poner suma atención a lo que sigue: el reloj continúa marchando.


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