25 de julio 2011 - 00:00

Cupones bursátiles

Días atrás lo decíamos: los festejos duran cada vez menos, en mercados con «fieles» tan escépticos y veteranos, que desde el estallido de la crisis han sido abandonados por la «grey» de la última línea: los inversores más novicios, o menos mal pensados, que tuvieron la clásica misión de tener que digerir el grueso de las pérdidas, en los recintos de riesgo.

La factura que se continuará pagando, aunque no se repare ni se comente sobre ello, esa dispersión de la necesaria capa de participantes que utilizaban los papeles como ahorro, o renta continuada. En algunos países -como Estados Unidos- la clásica posición familiar en títulos privados (con aquel sueño clásico de pagar la universidad a sus hijos, tomando a las acciones como el vehículo idóneo).

Hoy es más difícil engañar a muchos, por más que los hábiles comunicadores de la industria que viven de los mercados se esfuercen en armar estrategias. El jueves todo fue felicidad general, para el viernes ya los indicadores americanos tomaban por la pendiente. De todas formas, persiste la «zanahoria» de ver concretar el «acuerdo» con Obama (para que su país prosiga inundando de moneda bastarda).

En medio de estas disquisiciones, conviene hacer un alto para referirnos a la tontería -reiterada en cada ocasión- al manifestarse en los medios que: «en Europa perdieron 91.000 millones en una rueda...».

No perdieron nada. Como tampoco lo ganaron, cuando sobrevino el repunte en días siguientes. El concepto de la «ganancia realizada» corre también para las pérdidas. Y que las cotizaciones bajen en una fecha, o en el período que se quiera, no significa que se haya hecho realidad en la práctica. No salen con los bolsos llenos de dinero, simplemente se realiza un cálculo en virtud de una merma de cotización en los papeles. Y desde allí, establecer en cuánto retrocedió una cartera, o la capitalización total de una acción. Hasta que no se vende no se realiza la pérdida. Tampoco se concreta una ganancia. Y en tanto esto ocurre, solamente fluctúan los precios de los activos, como lo hacen minuto a minuto. Terminología más utilizada, creando sensaciones y una inducción para creer en desastres, que solamente pasa por lo teórico. Todo sigue flotando en las economías, las supuestas soluciones, la tendencia en los mercados. El bien más escaso: la confianza. Y si falta eso...

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