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Cupones bursátiles
Más allá de algunos pasajes con recuperaciones, la realidad del terrible contexto económico global impuso sus rigores sobre los índices de los mercados. Y después de estar tratando de eludir esa realidad del escenario con avances que -sensatamente- nadie podía llegar a entender, el mercado de riesgo se entregó a su función de ser «espejo» -y solamente eso, que es lo que lo corresponde- del entorno global que se le ofreció. Claramente también surgía que todas las estrategias y fórmulas ofensivas -para aplicar en tendencias favorables- podían quedar desacomodadas; en tal caso, cuando operadores e inversores se ven frustrados al luchar contra el mercado y su fondo, lo que aparece -en general- es el desconcierto. La desprolijidad, los intentos fallidos donde se confunden breves repuntes con verdadero «cambio de tendencia». Como el que podría estar gestándose ahora, en el caso del tan manoseado «acuerdo» con Obama. Que en la realidad de lo bursátil tendría que estar ya recontra «descontado» (por eso el Dow Jones no se desplomó a pique). Pero no deja de resultar un asidero, una «palanca» para mover los ánimos durante un trecho. Y cuando se lo trabaje bien en lo mediático (y a través de la «industria» bursátil del análisis y el pronóstico).
Una de las píldoras del optimismo en grageas ya se ha visto que tuvo escaso poder de cambiar ánimos en la eurozona, por más rescate que se proporciona a Grecia. En consecuencia, un continente sigue bajo las aguas del temor. Y por más que a Obama le condenan el «acuerdo», los signos vitales de la economía de los Estados Unidos apenas muestran un cuerpo en terapia. Otra píldora poco prometedora para poder «revertir», palabra clave, de fondo la tendencia. Así, saber moverse con el mercado invertido implica una fuente de utilidad despreciada.


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