Preparémonos debidamente, forjemos alguna coraza, dejemos que el pellejo de inversor bursátil -o analista- procure hacerse más grueso. Porque 2012, nos parece, va a estar plagado de situaciones extrañas, la mayor parte sin resistir ninguna apreciación racional. Y así como en nuestra Bolsa gozamos de una primera semana del año de corte espectacular -tanto en precios, como en negocios- que luego se diluyó por completo, sin explicación sensata a la vista. En ésta recién culminada, los mercados globales se vieron en un tobogán creado desde los mensajes, desde la inducción que emerge a través de las pantallas y recicla en los medios. Donde se inyectó la idea de que el canje griego «está en serias dudas y esto se mantendrá hasta el jueves...». Más o menos esa fue la frase, con ligeras variantes, que martilló desde el lunes. Y lo que podía presumirse se hizo realidad. Lo de tratarse de un «virus» de minar la mente de los operadores, capaz de crear una brecha y provocar bajas. Para después, llegados al jueves, todo estuviera resuelto en la realidad griega, tal como estaba previsto. Pero, el negocio de carteras de gran porte se habrá concretado en el tal ir y venir, en un rango de dos a tres por ciento. Como aquella primera semana local: nunca sabremos de dónde partieron las supuestas «dudas», quiénes las instalaron primero. Solamente queda como testimonio de lo muy peligroso que resulta el alto grado de repercusiones que consiguen los que -en cualquier instante- podrán fabricar alguna otra especie, para repetir el plato. La velocidad con la que va pasando de pantalla a pantalla -antes era «de boca en boca»- y de allí, a todo tipo de difusión oral o impresa. Es un ejercicio peligroso de por sí, porque nada se ha recompuesto medianamente en los efectos de la crisis, que se agrava por la notable sensibilidad y predisposición, a digerir todo tipo de supuesta novedad, o rumores prefabricados.
Hasta exprimiendo el jugo del final se sacó provecho del problema de Grecia (el del canje) y no resignados a que la cuestión estuviera cerrada los tales pícaros montaron el operativo de «la duda». Que brindó rendimientos en varias direcciones, durante un par de ruedas. Se debe estar alerta a tal tipo de estratagemas y que pueden estar en el recodo de cada nueva semana, o cada mes, con tal de llegar al objetivo de convertir la volatilidad en delirios colectivos. El «inversor inteligente», diría Graham, debe estar con las antenas siempre extendidas y evitando hacerle el juego a estos bribones modernos.
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