Finalmente... apareció la acción oficial sobre la empresa YPF. Ahora es tiempo de aguardar la reacción en cadena que el caso -y las medidas- ha de acarrear. Justamente para hoy habíamos preparado otro texto, antes de conocerse el discurso presidencial, donde mencionábamos la «asociación de inversores minoritarios de España», que advertían acerca de «iniciar acciones legales contra la Argentina» (si se producía lo conocido en la víspera). Y allí también decíamos que más allá de países, nacionalismos, intereses corporativos en juego, la iniciativa tiene sentido. Como lo tendrá cualquier otra acción legal que intenten inversores minoritarios de cualquier lugar (incluido aquí). Porque el verdadero inversor común de la «minoría» quedó atrapado entre las hojas de una tijera y de un espectacular conflicto como si fueran convidados de piedra. De paso, también renovábamos la prédica para que nuestra «investigadora» Comisión de Valores procediera a preservar el dinero de tales minoritarios y dictara -junto con la Bolsa- la «suspensión» de cotización de los papeles de YPF. Teniendo sobre la mesa infinidad de evidencias, donde encuadraba perfectamente -holgadamente- la figura de una justa, transparente, «formación de precios» en una plaza de oferta pública. Después, la medida debió tomarse de manos de la realidad del día de ayer (y ya habiendo perdido la utilidad que poseía semanas antes). De todas formas, todo esto es parte del pasado y a partir de hoy lo muy preocupante es aguardar qué provendrá desde el futuro. Se pretende llevar adelante, de manera lisa, llana, por simple voluntad, acciones que dejan delicados flancos expuestos. La pregunta de fondo resulta si es que se han analizado los efectos directos, y los colaterales, que tales medidas vendrán a generar. En una palabra, si se instrumentó un plan con «riesgo calculado», o si se sale a la descubierta, invocando solamente la soberanía. También, como varias veces lo apuntamos, la Bolsa queda sumergida en todo el conflicto sin -por supuesto- que tenga algo que ver en el asunto, sólo que se trata de una compañía cotizante. De seguro, no son vitaminas para la imagen del sistema local y sí un nuevo «repelente» para que existan capitales de riesgo que se animen en nuestro medio. Nada es inocuo, tampoco para la Bolsa, y corre el mismos destino que el apaleado inversor minoritario (acaso rotulados como «daños colaterales»). Lástima.
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