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Cupones bursátiles
En adelante, los operadores deberán girar la pantalla del radar para ver si surgen otras «expectativas», sobre las que se pueda montar algún movimiento seductor. Ergo, lo que debería aguardarse es que la superficie desértica prosiga dentro del mapa de los índices. Cuestión que, por reflejo, también dejará muy acotado el horizonte del Merval, índice que debe navegar por plena sequía de caudal de negocios, moviendo algunas piezas alternativamente, con una demanda que se dedica a utilizar la técnica del «picotazo», asumiendo inversiones muy medidas y seleccionando las plazas, por alguna novedad puntual. No hay respaldo para intentar un movimiento alcista general, aquellas «misteriosas» semanas donde surgía un empellón de órdenes y de volumen, para irritar las cotizaciones -sin motivo especial alguno- hace un tiempo que no se repiten. La clásica apelación a que la Bolsa «está barata» no pasa de ser un mensaje convidador, para que otros entren, en tanto el que la emite se queda mirando desde afuera. Al mercado la carta que le queda es la que lo convierte en el tipo de inversión más fascinante, la de poder surgir dando sorpresas cuando todo pronóstico le juega a la inversa.
Sucede que del modo en que están ubicadas las piezas en el «gran tablero», la dependencia es casi totalmente de lo que llegue desde afuera. Y ya vimos que en ciertos días donde el viento llegó, con impulso alcista, el Merval apenas lo aprovechó.
El contexto financiero local está sumamente trabado, se percibe la extrema cautela y el miedo a todo.


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