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Cupones Bursátiles
-la «17.811»- ha removido los cimientos de una trayectoria de casi «160» años de nuestra Bolsa de Comercio. Esto se votó y quedó para su reglamentación, justo en los umbrales de diciembre. Y ahora, casi finalizando el ejercicio 2012, llegó la novedad sobre la que puede ser considerada «la catedral» del mercado y el capitalismo de Occidente: la venta de la Bolsa de Nueva York -con «220» años de historial- y que, por poco, había esquivado que se la fusionara con grupos europeos, ahora fue un hecho. Y la curiosidad histórica es que dos mercados tradicionales -obviamente, de distinto calibre- con semejante permanencia cayeron bajo la misma «piqueta»: denominada, tanto para la nueva ley en nuestro medio como para lo que se promete para el NYSE, con la palabra... tecnología. Un mercado de derivados y commodities -llamado «Intercontinental Exchange»- y cuya presencia en los mercados no supera una docena de años, se engulló toda la rica y extensa historia del líder global de activos bursátiles propiamente dichos. Un caso donde la voracidad operativa, apoyándose en la tecnología, acaparó el grueso de los negocios para llevarlos a las tinieblas, al «inframundo» que atraviesa las terminales electrónicas (ya en milésimas de segundo).
El titular de la empresa compradora habló de «nuestras soluciones hicieron a nuestros mercados cada vez más electrónicos y transparentes...» (Y lo dice cuando todavía se aguarda que el ICE sea incorporado en el código regulatorio.) Desde nuestra lejanía -y grado de ignorancia-, nos preguntamos quiénes, de qué manera, podrán regular y vigilar correctamente ese «inframundo», que trabaja silencioso, fuera de la vista de todos y a velocidad de vértigo. Involucrando todos los activos -desde ahora- en la misma canasta de una compañía operadora. La coincidencia es que 2012 finaliza con lo nuevo aquí, lo nuevo allá, prometiendo un mundo nuevo. ¿Transparente?, hmmm...


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