10 de julio 2013 - 00:00

Cupones bursátiles

En el momento de difundirse públicamente los alcances que tendrían los CEDIN -para aplicar a compra de diversos activos-, desde nuestra columna sugerimos que no se dejara fuera de la canasta de opciones a las acciones cotizantes. Una vez más, invocamos el único intento oficial que se había practicado a lo lejos en el tiempo, cuando, a comienzos de los 70, mediante la gestión de Aldo Ferrer, habíase empleado el incentivo de la "desgravación impositiva" (para contribuyentes que lo volcaran a la compra de acciones nuevas -de suscripción- de las sociedades cotizantes). Tras la nota que apuntamos, a inicios de julio -en diario El Cronista- se dio la información de que la CNV estaba considerando (con entidades del sistema) extender la utilidad de los CEDIN al ámbito bursátil. Lo que difiere de aquello que habíamos sugerido es que habla de todo el espectro de instrumentos que conviven bajo el mismo techo (bonos, fideicomisos, cheques diferidos, Obligaciones Negociables... además de acciones). Con lo que se trata de dos inquietudes distintas. Porque pensamos que los que son mercados derivados -fuera de las acciones- ya gozan de buena aceptación.

En cambio, el que resulta el activo primordial de una Bolsa -las acciones- es el que mues-tra una decadencia, casi en fase de agonía.

Digan lo que quieran los que sólo miden la actividad en función del negocio, cuando de Bolsa se habla en el mundo se menciona al Dow Jones por encima de todo. En Japón se refiere al andar del Nikkei, o al Bovespa en San Pablo y el Merval para Buenos Aires.

Son las acciones el árbol principal, del que se desprenden todas las ramas de derivados. Inyectarle una imprescindible dosis de energía a nuestra Bolsa pasa por concentrarlo en las acciones. Y, entre ellas, no las ya emitidas, sino solamente las nuevas emisiones. Aportarle capital fresco a la fuente no sólo justificaría que las empresas sigan cotizando (porque ahora no pueden extraer nada de un mercado seco), sino que otras decidan venir a la oferta pública. Una vidriera con escaparates semivacíos, como ahora, desalienta y aleja a potenciales inversores. Fomenta que, periódicamente, más compañías decidan salir de la Bolsa. Un círculo vicioso donde cada vez somos menos. Se verá qué entusiasmo pueda generar el CEDIN, pero si lo tiene, lo que vaya a lo bursátil debería focalizar en las acciones. Así lo pensamos, así lo decimos, antes y ahora. Pensar.

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