21 de septiembre 2015 - 00:00

Cupones bursátiles

August von Finck II 2ª Parte - En el ámbito de los negocios, August se situó en puestos estratégicos en los consejos de administración de todas las empresas en las que su padre era accionista, un listado que para entonces incluía al banco y la aseguradora pero también otras instituciones como el Banco Bávaro, el Banco Hermes y el Banco Alemán del Sur.

August primero tenía también, una vena artística y política fuertemente desarrolladas. Fue presidente de la Casa del Arte Alemán, en Munich.

Tras la Segunda Guerra Mundial se dedicó con toda su energía a realizar trabajo de cabildeo entre los legisladores de la época para garantizar la propiedad de la tierra, ya que su familia poseía unas 4.000 hectáreas de terreno en los alrededores de Munich, unas 1.200 hectáreas de tierra agrícola y el fuerte deseo de conservarlas.

En su segundo matrimonio, a los 50 años, August primero tuvo dos hijos más. August von Finck segundo habría preferido ser un campesino, un pintor un hombre de ciencia. Pero era el primogénito de la tercera generación de la dinastía de banqueros Von Finck y había que proceder en consecuencia. Estudió negocios, pero también ciencias naturales en Francfort y cuando puede se dedica a la botánica.

En 1973, cuando rondaba los 30 años de edad, tuvo sin embargo que asomarse por ese universo que no le gustaba.

"Por razones fiscales, August, su padre, realizó una primera herencia en vida para él y sus otros tres hijos -dos del primer matrimonio y dos más del segundo-, proceso que exigía probar que tomaban parte de alguna forma de los negocios que poseía Von Finck."

El entonces llamado banco Merck, Finck & Co., y Allianz, ya eran dos gigantes del sistema financiero mundial.

August conocía de lleno a las dos instituciones financieras, pero no le interesaban. Se decantó pues por labores como la de ser vocero de la institución de crédito, y por la implementación de proyectos.

Fue él, de hecho, quien decidió mudar el centro de los negocios de los Finck a Suiza. Primero, por razones personales -su afición hacia los lagos y el esquí-, pero también porque su desinterés por los negocios no le restaba el olfato financiero que había heredado de su abuelo y su padre. Mañana continuamos.

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