De viaje, Cristina ensayó otra búsqueda de un estilo propio

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De la blancura con la que sorprendió durante su visita a Nueva York a la oscuridad de los días siguientes. Del glamour a la sobriedad, del color estridente al gris absoluto. Cristina de Kirchner desafía cualquier intento de análisis.

La diseñadora parisina surgida a principios del siglo XX y que dejó su eterno legado hasta la actualidad, Gabrielle Coco Chanel, fue una verdadera precursora cuando predicaba la importancia del estilo por sobre la moda. «La moda pasa, lo que queda es el estilo», decía. Cristina de Kirchner ama la moda, pero no encuentra un estilo del cual apropiarse, y la primavera suele desconcertar el ajuar.

Septiembre se caracteriza por ser un mes húmedo en Nueva York, y pocas mujeres resisten estoicas esa condición climática. Así, el lunes, para sus compromisos con empresarios en Manhattan, que incluían la visita a New York Stock Exchange, con reunión con su CEO incluida, y el encuentro con ejecutivos del Council of the Americas, Cristina se vistió de gris y salió al ruedo, topándose con una lluvia imparable. Pero al día siguiente, transgredió todos los principios de imagen personal. Dejó el Hotel Four Seasons blanca de pies a cabeza y así enfrentó una agenda nutrida que la llevaría desde un nuevo encuentro con el secretario general de Naciones Unidas, Ban-Ki-moon, hasta la reunión anual del G-77, organismo del que la Argentina debía asumir la presidencia. Protagonista, eligió un traje compuesto de pantalón ancho, como es costumbre en la mandataria, y chaqueta, levemente cortada por botones negros, pero un tanto grandes, que le quitaban al conjunto la elegancia que seguramente quería transmitir. Hay algo en el corte de los pantalones que elige la Presidente que definitivamente no la favorece. Si le aconsejan que usar pantalones anchos disimulará las caderas, no le advirtieron que existen muchas formas de lucirlos para tal fin, y muchos cortes para elegir de acuerdo con su figura. Lo peor son las prendas muy ajustadas y, para ella, ese fanatismo por las chaquetas demasiado cortas y adheridas al cuerpo. Un combo fatal para una mujer que vive tan atenta a cómo presentarse. El blanco total desentonó más aún cuando se reunió con la secretaria adjunta de las Actividades en Terreno de la ONU, Susan Malcarro, cubierta de negro, y con los trajes oscuros que abundaban entre los representantes del G-77.

Del mismo modo que casi no se despegó del blanco en Estados Unidos, a su regreso al país el miércoles por la mañana estaba cubierta de negro como quien quiere pasar inadvertido. Otra vez detrás de sus gafas de sol, comodín para la cara lavada, pantalones negros anchos sin forma y en extremo largos, un sacón largo y recto, y zapatos cerrados con un leve taco chino. El negro es sinónimo de elegancia sólo cuando se lo lleva con los cortes y largos adecuados. De lo contrario, puede provocar el efecto inverso.

Un día después de volver a la Argentina, debió imprevisiblemente oficiar de anfitriona para los jefes de Estado de la Unasur, quienes se reunieron en Buenos Aires para definir los pasos a seguir por el conflicto en Ecuador. Ese jueves no tuvo más remedio la mandataria que apelar al clásico tailleur gris de falda y chaqueta, una sobriedad casi imperiosa para la ocasión, y el apuro la favoreció.

La impaciencia por mostrar algunos ítems primaverales llevó a Cristina a ensayar el viernes por la mañana una extraña mezcla: chaqueta roja, top blanco con estampas de flores rojas y un foulard de un tono coral. Fue para un acto en la localidad de José C. Paz, donde no sólo inauguró obras y entregó netbooks, sino que se refirió al tema Ecuador, repudiando la rebelión contra el presidente Rafael Correa. Mucho color y prendas muy livianas marcaron de nuevo el contraste.

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