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Desilusión con Obama en el mundo islámico
La nueva crisis en Medio Oriente gatilló protestas antiisraelíes y antiestadounidenses en varios países musulmanes. En Jartún, Sudán, un hombre hizo blanco de su enojo a Barack Obama.
«La agresión israelí y la postura estadounidense de no condenar lo sucedido dibujan un futuro sombrío, aunque este año mejoraron las relaciones entre EE.UU. y el mundo musulmán», señaló el analista Emad Gad, encargado de la Unidad de Israel del Centro Al Ahram para Estudios Políticos y Estratégicos.
En el discurso pronunciado el 4 de junio del pasado año desde el auditorio de la Universidad de El Cairo, Obama lanzó un mensaje de reconciliación y diálogo que aumentó las expectativas del mundo musulmán para desbloquear el proceso de paz en Oriente Medio e iniciar las enésimas negociaciones entre israelíes y palestinos.
Parte del crédito que el presidente estadounidense logró entonces entre los países árabes quedó en entredicho esta semana tras el asalto del Ejército israelí a la Flotilla de la Libertad, que se dirigía a Gaza con ayuda humanitaria, y en el que murieron nueve activistas.
Y aunque el ciclo de la sospecha y la discordia «parece haberse alejado», según Gad, el incidente coloca en «un punto muerto las negociaciones indirectas entre israelíes y palestinos», iniciadas a principios de mayo.
En la capital egipcia, Obama no presentó un plan de paz, como esperaban muchos ciudadanos de la región, sino que insistió en que cualquier hoja de ruta debía pasar por la coexistencia de un Estado israelí y otro palestino.
Esa estrategia experimentó un ligero avance el pasado 9 de mayo, cuando, después de maratónicas jornadas, el enviado de la Casa Blanca para Oriente Medio, George Mitchell, arrancó un compromiso a los dirigentes del Estado israelí y la Autoridad Palestina (AP) para el diálogo político bajo su intermediación.
Para Gad, ésa «habría sido una muestra de avance», después de dieciséis meses de freno al proceso de paz, pero con los incidentes de esta semana, «los próximos meses dibujan un futuro muy incierto».
«Que también sean inciertos los próximos años depende de EE.UU. y de si es capaz de llevar al Consejo de Seguridad de la ONU resoluciones con una condena firme e inequívoca de las actuaciones israelíes, que acaben con el bloqueo de Gaza y aboguen por la creación del Estado palestino», agregó.
En su discurso, Obama señaló otros desafíos como el extremismo violento, las armas nucleares a propósito del programa iraní, la necesidad de democratizar la región y de promover la libertad religiosa, los derechos de la mujer, la educación y la innovación.
Un año después, se han experimentado avances en las relaciones diplomáticas con países árabes como Siria, donde la administración demócrata propuso al primer embajador en cinco años, pero la fórmula propuesta por Obama de aislar a los extremistas no funcionó.
«La principal prueba es que Hamás, Hizbulá y Al Qaeda siguen ahí», añadió Gad.
Dilema
Con la mejora de la seguridad en Irak, el dilema del presidente estadounidense está en Irán y en su programa nuclear, pues, a juicio de Gad, «el tiempo corre y no hay más avances que un borrador de sanciones en el Consejo de Seguridad de la ONU».
El «nuevo comienzo» que Obama ofreció al mundo musulmán no fue posible durante este año por la situación económica en EE.UU. y la oposición de grupos de presión que promueven la islamofobia, opinaron expertos.
Y para que se convierta en realidad será esencial que Washington incremente su inversión económica en la región y la cooperación cultural.
La retórica que el presidente demócrata desplegó en El Cairo sepultó entre los musulmanes el descrédito forjado por George W. Bush, y mostró a un «presidente que intenta ser diferente por su color de piel y su propia biografía y que está convencido de la necesidad de un acercamiento al islam», según Gad.
Sin embargo, «los hechos no señalan esas diferencias», aseguró, por lo que sugirió que «si Obama quiere conocer esta región, debe escuchar a Europa».
Agencia EFE


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