1 de septiembre 2011 - 12:10

Detrás de una tregua con los K, Macri "municipaliza" el 23-10

• Campaña quirúrgica.
• El «puente de cemento».
• Lejanías.
• Cargos de la minoría

Mauricio Macri
Mauricio Macri
Mauricio Macri sueña con la tregua. Fantasea con dejar de ser, por un tiempo, el blanco móvil preferido de la Casa Rosada. Para coronar ese deseo, el jefe de Gobierno porteño decidió despegarse de la batalla de octubre.

Para él, la presidencial se reducirá a una ristra de duelos municipales en las que competirá el PRO: su primo Jorge en Vicente López; su ministro de Hacienda, Néstor Grindetti, en Lanús, Julio Garro en La Plata, y el diputado Omar De Marchi en Luján de Cuyo, Mendoza.

El mínimo staff de candidatos del macrismo se completa con la boleta que, en Capital, encabeza Federico Pinedo en busca de renovar su banca en el Congreso. Y algunos legisladores bonaerenses, intercalados en las boleta del duhaldista Frente Popular, entre ellos Ramiro Tagliaferro, esposo de María Eugenia Vidal, vicejefa electa.

Una paradoja descomunal: el dirigente que rankea como principal rival de los K encarará la elección del 23 de octubre como un racimo de elecciones municipales. Dos factores, a simple vista desvinculados entre sí, se combinaron para parir esa decisión:

  • La magrísima performance de la oposición en las primarias, en particular la de Eduardo Duhalde, el candidato con el que el PRO selló alianzas locales y regionales, justifica que Macri se despegue de cualquier oferta anti-K. Hacerlo, ante una perspectiva negativa, implica comprar acciones de una empresa condenada a la quiebra. Por eso no habrá contactos con los postulantes opositores. Salvo un brutal giro en el clima electoral, Macri se abocará a una campaña quirúrgica en los territorios donde se postulan figuras de su cercanía: su primo Jorge, que ganó el 14 de agosto y podría derrotar al radical K Enrique «Japonés» García en Vicente López; Grindetti, que combate a Darío Días Pérez en Lanús; Garro -apoderado del PRO-, que desafía a Pablo Bruera en La Plata, y al demócrata sanjuanino De Marchi, que quiere volver a gobernar el Luján cuyano.

  • Más allá de la mezquindad que le imputan los otros anti-K, en particular el duhaldismo, donde se sostiene (con lógica) que Macri prefiere la victoria de Cristina de Kirchner porque es funcional a su plan 2015, hay una razón más poderosa en la municipalización: reducir su competencia le permite a Macri desvincularse de la batalla presidencial. Lo que puede traducirse además de en un movimiento de preservación supone un gesto amigable hacia Olivos, con el que espera lograr una tregua que lo saque del ring.

    Reactivación

    Por esa misma razón reactivó su puente de oro con el kirchnerismo que, en rigor, es de un material menos noble: cemento. Las terminales son Nicolás «Nicky» Caputo y el secretario de Obras Públicas, José López, vínculo que se remonta a varios años atrás, motivado más por la pasión inmobiliaria que por la política.

    Macri tiene otra herramienta para pacificar a los K: hay unos 20 cargos «de control» en la estructura porteña destinados a la oposición. Sólo los de la Auditoría (serían entre 2 y 3) y el Banco Ciudad (un director) requieren la aprobación de la Legislatura. Los demás se designan por decreto de Macri sin que tome como criterio la representación legislativa. Es decir: se definen mediante un acuerdo político.

    De hecho, aunque el FpV se dice segunda minoría, para lograrlo debe conformar un interbloque con Aníbal Ibarra y el sabbatellismo.

    En las cercanías de Amado Boudou, que estrena el novel rol de jefe político en formación del peronismo-kirchnerismo porteño, proyectan un desembarco en esos casilleros del organigrama de la Capital.

    La Cámpora también puso el foco en esas butacas, a priori en sintonía con el boudouismo, a pesar de que hizo ruido la ausencia de los jerarcas de esa agrupación en el acto de la semana pasada en Parque Norte. Faltaron las dos figuras más visibles de esa tribu: Juan Cabandié y Andrés «Cuervo» Larroque.

    «Estaban reunidos con Máximo», fue la justificación, aunque se intercalan otros argumentos. Uno apunta al protagonismo que tuvieron Alejandro Amor y la rama sindical en ese show.

    Postales de la diversidad: el «cartero» Ricardo Forster remontó el origen simbólico del kirchnerismo al cordobazo de Atilio López, mientras en la mesa principal miraban de reojo Amadeo Genta y José Luis Lingieri.

    El interés del boudouismo y el neocamporismo por quedarse con los cargos opositores en la Ciudad agitó el rumor de que el operador de Macri Emilio Monzó retomó una antigua amistad (ambos pasaron, algunas vez, por la UCeDé) con el ministro de Economía. A la espera, Macri ya ordenó confeccionar un pliego de obras para pedirle a la Casa Rosada si, como desea, avanza la negociación.
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