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Diálogos en Wall Street
El especialista en mercados mundiales personificado como Gordon Gekko de la película «Wall Street» no espera que surjan definiciones importantes en la reunión de la Fed que comienza hoy. «Me imagino que retocará el texto del comunicado oficial. Y quizás alguna proyección macroeconómica», explicó, pero aclaró que una medida relevante como un ajuste de tasas «puede esperar a 2010».
Gordon Gekko: Es lógico. No se espera que surjan definiciones de peso.
P.: La política monetaria opera en modo de piloto automático.
G.G.: Así es. Hace mucho tiempo. Y no hay razones para apartarse de la simple postura pasiva y retomar los controles de mando.
P.: La Fed, ¿no acusará recibo de las flamantes buenas noticias?
G.G.: Me imagino que retocará el texto del comunicado oficial. Y quizás -en forma leve- alguna proyección macroeconómica. Esto último -y el tenor de las discusiones- se sabrá cuando se difundan las minutas, en tres semanas.
P.: Nada concreto. Ninguna acción específica.
G.G.: Eso pienso.
P.: Fíjese cómo el Banco de Inglaterra logró sorprender cuando tampoco se esperaba su intervención. La semana pasada decidió, sin ningún indicio previo, aumentar el tamaño de su programa de compra de títulos públicos.
G.G.: Correcto. Profundizó la estrategia de expansión cuantitativa.
P.: La misma política en la que se embarcó la Fed.
G.G.: Desde ya. Fue el banco central precursor.
P.: Y el Banco de Inglaterra no propició una ampliación pequeña.
G.G.: No. Llevó el tope de las adquisiciones de 125 mil millones de libras a 175 mil millones. Y gatilló, como dijo, una gran sorpresa. No se repetirá.
P.: ¿Por qué está tan seguro?
G.G.: La Fed tiene margen disponible para continuar desplegando el programa vigente. Entiendo que en mayo o junio éste era un tema susceptible de replantear. Y se decidió, entonces, dejar las cosas como están. Hoy la situación mejoró. Indudablemente. Es difícil pensar que se modifique ahora si no se hizo antes.
P.: Se afianzó la recuperación de la economía.
G.G.: Sí. La tendencia ya era amigable pero, en el intervalo, se tornó más favorable. Sobre todo, ganó en robustez: la resurrección descansa sobre una base más amplia de variables.
P.: Pero también es así en Gran Bretaña. El problema reside, a mi juicio, en la reticencia de los bancos a impulsar otra vez el crédito. Y no es muy distinto en EE.UU.
G.G.: La situación es parecida pero no es idéntica. En EE.UU., cuando las tasas largas se erizaron en junio -recordar que la tasa de diez años rozó el 4%- podía pensarse en reforzar el plan de compras. Pero el cuadro se distendió: la economía mejoró, las Bolsas lo hicieron todavía mucho más y, sin embargo, la histeria desapareció del mercado de bonos. En rigor, las tasas largas son menores que entonces. En los hechos, la Tesorería está ejecutando su programa financiero -recordar que, como nunca antes, hay que colocar 1,8 billón de nueva deuda- sin sufrir tropiezos.
P.: Las tasas largas podrían volver a empinarse a caballo de la percepción de una recuperación más fuerte que lo pensado.
G.G.: Esa suba no constituye problema. El drama es cuando el alza tiene motivos distintos de la salud de la economía y se corre el peligro de que ahogue la recuperación. En definitiva, la Fed lanzó el programa de compras de bonos para alentar la recomposición del mercado de la vivienda. No lo olvide.
P.: Y allí se advierte una mejoría sensible.
G.G.: Correcto. Aunque las condiciones financieras ya no sean las más favorables del ciclo.
P.: Las tasas hipotecarias también subieron.
G.G.: Así es. Pero ello no impidió un tenue repunte de las ventas.
P.: Ni la moderación en las caídas de los precios de la vivienda.
G.G.: Tome todo esto con pinzas. La estacionalidad puede terminar explicando la mayor parte de la mejoría. Pero son señales auspiciosas. Es verdad que las compras previstas de bonos del Tesoro se agotarán en setiembre. Pero el casillero asignado a las obligaciones hipotecarias presenta margen más que holgado para acomodar futuras compras.
P.: Había 200 mil millones de dólares para adquirir deuda directa de agencias (Fannie Mae & Freddie Mac). Allí podría haber cambios.
G.G.: Habría quién las objeta. Eso se comenta. Podría ocurrir una reasignación. Pero lo veo remoto. Me imagino que se preferirá no tocar nada. No sumar ruido ni alentar falsas expectativas. Con lo cual, vale recordarlo, no se cierra tampoco ninguna puerta.
P.: En definitiva, agosto no traerá novedades. ¿Habrá que pensar que la Fed puede abrigar la idea de endurecer su postura más adelante? Los mercados comienzan a incorporar, en los contratos de futuros, la probabilidad de un retoque de tasas. ¿Tiene asidero la expectativa de que haya cambios antes que culmine 2009?
G.G.: Costó muchísimo esfuerzo rescatar al paciente del coma profundo como para estropearlo todo por un exceso de celo. Su salud es muy frágil. No hay razón para correr el riesgo de provocar una recaída. Una decisión de tal tenor puede esperar a 2010.
P.: Aunque recrudezca el temor a la inflación.
G.G.: No habrá cambios mientras la economía destruya empleos. Eso desde ya. Pero, aun cuando más adelante comience a crearlos, la Fed se tomará su tiempo para recortar el estímulo. Ello no quita que, si usted mira la marcha del crédito de la Fed, el máximo de la asistencia data ya de fines de diciembre. Hoy los recursos comprometidos se ubican un 10% por debajo de los valores pico. Pero no es la Fed la que desconecta el respirador. Son los propios pacientes los que gradúan el volumen de la asistencia que necesitan. Y, en la medida que la situación se endereza, como los costos de la asistencia de la Fed son más altos que las alternativas de mercado, lo que se observa es una reducción del monto de los programas. Recorte que es mayor, vale añadir, que el aumento en la cartera de bonos producto de la política de compras de activos de largo plazo.


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