18 de agosto 2009 - 00:00

Diálogos en wall street

El experto en mercados mundiales personificado como Gordon Gekko, de la película «Wall Street», explica la fuerte caída de las Bolsas sobre la base de las preocupaciones que imperan sobre el consumo privado en los EE.UU. Alerta también sobre las presiones deflacionarias poniendo dudas en las fuentes de ingresos de las corporaciones.

Periodista: Japón anunció que el PBI avanzó un 3,7% y el Nikkei se desplomó un 3,1%. Cuando las noticias eran malas, pero mejores que lo esperado, el rally era una tromba. ¿Cómo explicar un tropiezo basado en el arribo, por fin, de las buenas noticias?

Gordo Gekko: Hay muchas buenas noticias que ya están incorporadas en las cotizaciones. Tras su confirmación, no es fácil seguir remontando la cuesta. No es sencillo mejorar los números que ya están sobre la mesa. Usted cita a Japón, pero lo mismo vale para las cifras del PBI en Europa; asistimos a un rebote. Y llega antes de tiempo. Pero no define, para nada, la velocidad de crucero de la recuperación. Cuando los inversores abren los números para indagar su contenido, queda claro que será difícil sostenerlos.

P.: La Bolsa de Shanghai fue la que hizo punta. Y hoy (por ayer) cayó como una piedra: 6%. En perspectiva, China lidera la salida de la crisis. Y, a diferencia de los casos que mencionó, nadie discute que su remontada podrá mantenerse. Sin embargo, no se libra del resbalón.

G.G.: En todas partes se cuecen habas. China fue el primer país en lograr estabilizarse después de la conmoción mundial que provocó Lehman Brothers. Tanto que las acciones chinas marcaron sus mínimos en noviembre del año pasado y no en marzo, como la mayoría de las Bolsas. Desde entonces, las cotizaciones escalaron un 103%. Se duplicaron.

P.: Una suba dos veces más vibrante que la que protagonizó el S&P 500.

G.G.: Bajo esas condiciones, nadie puede protestar porque el mercado corrija.

P.: El revés es muy potente. Devolvió los precios a los valores que regían en junio.

G.G.: Guarda proporcionalidad con la magnitud del empuje. También en China surgen interrogantes. Y ello, en las alturas que tomó la Bolsa, produce vértigo.

P.: Las propias autoridades lo plantearon en voz alta. Pero nadie piensa que se desconectará el andamiaje del estímulo gubernamental.

G.G.: De ahí que se hable de una corrección de la Bolsa y no de una revisión más profunda. La tendencia alcista no está puesta en tela de juicio.

P.: En Wall Street las objeciones apuntan a la fortaleza del gasto de consumo. En rigor, a lo que se prevé como una falta de vigor suficiente como para ponerse la economía al hombro en la fase de expansión.

G.G.: El consumo privado aumentó, sorpresivamente, en el primer trimestre y decayó en el segundo. Mi impresión es que anotará un avance en el tercero.

P.: A pesar del retroceso de las ventas minoristas de julio.

G.G.: Recién promedia agosto, pero vamos bien encaminados. No me refiero al gasto nominal -que es lo que mide la serie de ventas minoristas-, sino al consumo real. Si fuera así, se podrá afirmar que se logró estabilizar el consumo. Todo un mérito. Esperar que el consumo tome la lanza y se convierta en el motor de la expansión sería pedir demasiado. Hasta que no se asiente el mercado de trabajo -por lo menos, hasta que cese la destrucción masiva de empleos-, un rol más activo no luce posible.

P.: ¿Ello no impedirá que se concrete la recuperación?

G.G.: Harán falta otros puntos de apoyo. El gasto público y las exportaciones netas ya dijeron presente. Salir de la recesión es factible; lo que está fuera de alcance, todavía, es una recuperación muy vigorosa. Más allá de un rebote de un par de trimestres.

P.: A la hora de buscar puntos débiles, se señala también el comportamiento de los propios funcionarios de las compañías que cotizan. Quienes monitorean sus transacciones detectan una neta tendencia vendedora.

G.G.: Éste es un rally promovido por inversores inexpertos. Los profesionales, cuando arrancó, le apostaron en contra. Un rally alentado por una carta del mandamás de Citigroup a su propio personal, que se filtró a la prensa. Azuzado por una contabilidad más flexible y por los resultados de las pruebas de estrés bancario (cuando se sabe que no se podía desaprobar a nadie sin correr el riesgo de provocar una corrida). Impulsado también porque los profesionales debieron cubrir sus apuestas en contra, cancelar las posiciones vendidas en descubierto, a medida que el rally progresaba. Pero hay un rasgo que se mantiene.

P.: ¿Cuál?

G.G.: La gente que de veras conoce la cocina de los negocios -por ejemplo, los propios funcionarios de bancos y compañías- no termina de comprar la historia de fondo.

P.: Puede decirse que los tomó por sorpresa la capacidad de la economía de resucitar de entre las cenizas.

G.G.: Creo que sí. Pero, en última instancia, advierten que los daños son más profundos que los que admite la Bolsa. La reparación llevará más tiempo. Contrasta con el frenesí que imprimen las cotizaciones.

P.: Hay dos historias en curso y no sólo una. Las variables reales mejoran, pero todavía los precios finales al consumidor se reducen. ¿Cuánto influye el temor a una deflación; pese a que momentáneamente esté fuera de escena por la generosidad de los programas de estímulo?

G.G.: Hay una demanda que se destruyó y que, hoy por hoy, se cubre con planes de estímulo. ¿Regresará? Ésa es la pregunta del millón, en muchísimas actividades. Construcción, autos e industria en general, finanzas. No es fácil ajustar precios al alza. No hay deflación, pero sí presiones deflacionarias. En el corto plazo, se puede mejorar la rentabilidad. Se recortan gastos, se bajan inventarios, la economía salió de la fase de parálisis. Pero el futuro se ve muy arduo: en el largo plazo, crecer ganancias requiere, sí o sí, aumentar los ingresos. No está claro cuál será la fuente. La corrección que vemos es un breve contagio a los inversores de esa misma preocupación.

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